jueves, 6 de agosto de 2020

Batalla del Tabaco – Guerra entre correntinos.


Sucedió el 4 de marzo de 1872, en el departamento de Empedrado y registra la histórica política provincial como la Batalla del Tabaco al choque armado donde hasta parientes de uno y otro lado se cruzaron con lanzas, revólveres y carabinas, dándose muerte en defensa de sus preferencias por la futura Presidencia de la Nación.

Era lo que estaba en juego. No sólo diferencias locales se dirimían sino también del resultado de este combate podía variar la futura composición del Colegio Electoral, que elegiría al presidente que sucedería a Domingo Faustino Sarmiento. 

 Fue esta una de las batallas más violentas que registra la historia política de Corrientes y se libró entre sectores del Partido Liberal y grupos “federales” que habían constituido el “fusionismo” en la provincia. Los “federales” se pasaron a llamar autonomistas en Corrientes recién cinco años más tarde.
El gobierno de Corrientes era ejercido por el liberal Agustín Pedro Justo, padre de quien fuera Presidente de la Nación, con el mismo nombre, en 1932. El gobernador Justo, nacido en Goya, fue prácticamente impuesto en el cargo por su predecesor y compoblano coronel Santiago Baibiene, quien al terminar su gestión de gobierno sumaba la gloria de haber comandado el triunfo en la Batalla de Ñaembé y tenía en sus manos todo el poder político.

Un sector del liberalismo dirigido por el prestigioso Coronel Desiderio Sosa encabezó un levantamiento, sumando a su fracción al grupo de “federales” que más tarde se denominarán “autonomistas” y que, entre todos ellos, representaban al “Fusionismo”, una vertiente que en el orden nacional la elaboraban los ministros de Sarmiento: Adolfo Alsina y Nicolás Avellaneda.
El 5 de enero, desde Cururú Cuatiá, inició la revolución el coronel Valerio Insaurralde y se sumaron Raymundo Fernández Reguera, Marcos Azcona, Manuel Vallejos, Serapio Sánchez y otros tantos oficiales de prestigio. Las circunstancias hicieron que el gobernador Justo renunciara el 9 de enero y fuese reemplazado por un Triunvirato.

 El gobernador Justo pidió a Sarmiento la Intervención Federal, pero éste no accedió, ya que la posibilidad de que el grupo revolucionario se alzara con el gobierno, favorecía los planes de la candidatura presidencial del oficialismo nacional que apostaba a la consagración de Nicolás Avellaneda. De permanecer el “mitrismo” en el Gobierno de Corrientes, conducido por Baibiene, ampliaba las chances de Bartolomé Mitre.

Resuelto ambos bandos a aceptar la batalla campal que habría de decidir los destinos políticos de la provincia de Corrientes y en gran medida los del país, el coronel Desiderio Sosa eligió cuidadosamente el terreno. El choque debía darse en las proximidades del río Paraná y allí alistó el grueso de sus fuerzas, que eran casi en su totalidad de caballería.

 Desde el 2 de marzo el coronel Valerio Insaurralde con su división se encontraba en la vanguardia del ejército revolucionario explorando la situación del enemigo. En tanto, otro revolucionario, el coronel Manuel Vallejos (a) “El Pájaro” ya se tiroteaba con las tropas de Santiago Baibiene que continuaba su avance hacia El Tabaco, donde llegó en el amanecer del 4 de marzo, ubicándose en las tierras altas que emergen del bañado vecino, en forma paralela a la formación revolucionaria. 
Junto a Baibiene pelearon el coronel Ciriaco Torres, y los sargentos mayores José Martínez, Antonio Llopart, Enrique Romero, Crisóstomo Quiroz y Plácido Martínez con el batallón Goya, el inimitable de Ñaembé, quien ocupaba el centro de la línea.

 Hacia la retaguardia, protegida por una isleta frondosa, la caballería a las órdenes de Aniceto Monzón, esperando las directivas del comando, con jefes como Luis B. Azula y Juan D. Torres.
La línea revolucionaria ofrecía el mismo aspecto de un comando inteligente. Formaba un centro la artillería a cargo del sargento mayor Manuel F. Rivarola, soldado santafesino muy hábil y colaboraban en los cañones el sargento mayor Daniel Artaza y el capitán Ventura Romero. En el ala izquierda las infanterías de Juan Guillermo Conti, del coronel Wenceslao Martínez, del sargento mayor José Mariano Ojeda, de Juan G. Berón, de Flores, Silva y de Romero, que contaban de reserva con las legiones de los coroneles Marcos Azcona, Juan Carlos Romero, Luciano Cáceres (hijo de Nicanor Cáceres) y Manuel Serapio Sánchez, con jefes como los Comandantes Hermenegildo Ocampo y Guillermo Conti.

 En la derecha, avanzando sobre la línea de batalla, estaban las caballerías de los coroneles Valerio Insaurralde y Manuel Vallejos, impacientes las primeras por to-mar el desquite de San Jerónimo, donde se había impuesto en las inmediaciones de Curuzú Cuatiá, el coronel Santiago Baibiene pocos días antes.

Los ejércitos se contemplaban. Aproximadamente 7.000 hombres se dividían casi en igual número de un lado y de otro. Unos y otros buscaban sacar partido de la situación topográfica, espera larga que llegó hasta cerca del mediodía. A esa hora el coronel Desiderio Sosa dio su orden y los cañones revolucionarios empezaron a batir la loma del Tabaco.

La situación de Baibiene fue haciéndose insostenible; chocaron la infantería de Baibiene con la caballería de Sosa y el combate fue general en todos los espacios.

La caballería de Baibiene fue sorprendida y se dispersó antes de atacar siendo lanceada por la espalda. Las cargas se suceden, es lucha de fusil contra lanza, el ímpetu de los potros no cede al tableteo de las descargas; vienen como el huracán. El coronel Daniel Artaza, quien será vicegobernador en 1893, tranquilo en medio del horror de los disparos, arenga a los soldados.
 El revolucionario coronel José Toledo, conocido en la historia como “Toledo el Bravo”, como un león, ruje e increpa. Wenceslao Martínez que es capturado por los baibienistas. Una batalla de enorme magnitud, digna de las más sobresalientes de nuestras luchas por la independencia y organización nacional.

Pero un suceso inesperado abrevia el cuadro. El coronel Baibiene, que avanzaba sobre la línea de fuego, se enfrenta coincidentemente con el coronel Valerio Insaurralde y su escolta. Es reconocido de inmediato el caudillo legalista y lanza en ristre. Insaurralde se adelanta al galope diciéndole: “Así te quería encontrar, Gringo”. Baibiene reacciona del estupor de la sorpresa, y todo su orgullo de militar y de varón estalla. Se ve indefenso y se arroja del caballo.

Y duro increpa: “Lancéeme, Coronel”. Insaurralde sofrena el potro, dócil a su mano de hierro y clavando la lanza en tierra grita: “Yo no asesino, me bato; ríndase coronel.” 

Baibiene se entrega y la noticia va corriendo en la línea. El coronel Sosa y sus ayudantes concurren al galope. Se saludan los jefes, y hay en la fisonomía serenidad en uno y en la del otro un enorme dolor. El cielo ha sumado a la lucha de los hombres sus elementos, un viento huracanado con fuerte lluvia. 
Si la revolución del doctor Justo resonó en el país, la victoria del Tabaco tuvo una relevancia enorme: la suerte presidencial de Avellaneda comenzaba un camino más exitoso. 

Es que Mitre con el gobierno de Justo o el triunfo de Baibiene, contaba con electores amigos para llegar a la Presidencia y su candidato a vicepresidente era nada más y nada menos, que un amigo de todos los sectores en pugna, el talentoso doctor Juan Eusebio Torrent. La victoria del Tabaco fue el golpe que concluyó con este nudo gordiano.

El doctor Agustín Pedro Justo, fue el que menos tiempo duró al frente de un gobierno en Corrientes, sólo 15 días (del 25 de diciembre de 1871 al 9 de enero de 1872).

En esta batalla fallecieron muchos ilustres correntinos, entre ellos, Vicente Gómez, padre de quien fuera gobernador de Corrientes, en 1901, Dr. José Rafael Gómez, y posteriormente vicegobernador integrando una fórmula de conciliación del Pacto en 1909, junto al doctor Juan Ramón Vidal.

Batalla del Tabaco -  Corrientes




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