lunes, 12 de octubre de 2020

Andrade - San Justo. El pueblo que no fue.

Desde mediados del siglo XIX, una fuerte instalación de estancias de capitales ingleses, se produjo en nuestro país. El estado ingles impulso la compra de tierras en argentina, a través de importantes líneas de créditos, a bajo interés que favorecían a capitales que se asociaban en empresas, que estaban dedicadas en su gran mayoría a la ganadería bovina y ovina, según aconsejaba la región a instalarse. Las empresas se dedicaban a la compra y arriendos de tierras. Las estrategias de negocios inglesas, que siempre se hacen a largo plazo, además de los negocios con la ganadería, que cerraban con la instalación de frigoríficos cárnicos, también estaban a la espera del desarrollo ferroviario, dónde también tenían a sus empresas participando en la construcción de las vías y en la provisión de trenes. Las compras de tierras se hacían en las zonas que se verían beneficiadas con el paso de las vías férreas, elevando el valor de las mismas en gran forma, por lo que, dentro de esta visión, convenía el desarrollo de pequeños poblados, alrededor de las nuevas estaciones de tren que se construirían. Nuestra provincia de Entre Ríos estuvo en la mira de los capitales ingleses, por ser una provincia ganadera por antonomasia, que, además, estaba en una etapa de desarrollo ferroviario y que tenía importantes extensiones de tierras sin ningún tipo de explotación.

A principios del siglo XX, se había instalado entre el arroyo Obispo y el arroyo Clé, una compañía inglesa llamada “Argentine Eastern Land Company Limited”, empresa que fue registrada en 1910 para operar en Entre Ríos. Logro comprar y arrendar una extensión tres mil hectáreas, cuya estancia se conoció con el nombre de “San Justo”.  Por entonces, el ferrocarril, que se había inaugurado en 1887, comunicaba la ciudad de Paraná con la de Concepción del Uruguay, y sus vías pasaban por los campos de esta compañía inglesa. Los socios de la compañía, lo eran en gran parte socios de la empresa “The Entre Ríos Railway Company Limited”

Siguiendo con la estrategia de negocios de las tierras que se habían valorizado enormemente, la empresa tomó como centro la estación “Olegario Víctor Andrade” del ferrocarril Gral. Urquiza, para realizar un proyecto de loteo de treinta y siete manzanas con sus respectivos terrenos, al que denominaron “Pueblo San Justo”. Mediante la Ley 2376, en su Artículo 11, se aprueba con fecha 14/05/1912, el primer trazado oficial de loteo, que fuera presentado ante la Dirección de Geodesia, hoy Dirección de Catastro Provincial. Posteriormente se realiza una derogación por medio de la Ley 2559, el 09/12/1915, por una reducción de la superficie del proyecto original, y se aprueba mediante Ley 2570, del mismo año, el trazado original. En esta última etapa, el gobierno provincial recibe en carácter de donación al estado provincial, de la superficie trazada.

En el plano de los loteos se había previsto que en la Manzana 17, se ubicara la escuela, que fue la única que ocupó el lugar destinado para ello, y que actualmente funciona, la Escuela N°6 “Mariano Moreno”. También se contaba con la Manzana 18 para la ubicación de la Plaza del pueblo, y con media Manzana 19 para la ubicación de la Comisaría. En la Manzana 37 se había decidido ubicar el Cementerio, sitio al que hasta hace poco lo marcaba una cruz de madera a los que los paisanos llamaban la cruz “Salva tu Alma”. 

De la presencia de los ingleses, quedaron en el pago algunas construcciones, algunas se están perdiendo por el paso del tiempo, pero otras se conservan, como la Casa de Alto en inmediaciones del paraje “Chaco Chico”, que fuera el casco de la estancia; el conocido “Almacén Razetto” en Andrade, edificio que fuera concebido como hotel y que estaba frente a la estación del ferrocarril;  las instalaciones de “La Experimental”, y algunas construcciones en lo que ahora se conoce como la “Estancia de Grimaux”.

En 1914, en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial, lo que limitó sensiblemente el apoyo económico que recibían las compañías inglesas, cortándose los intercambios comerciales y los negocios. Esto hizo que los capitales ingleses en estas compañías, decidieran deshacerse de sus emprendimientos a manos de capitales autóctonos. Este fue el caso de la “Argentine Eastern Land Company Limited”, sus operaciones se pierden en 1915. Habían obtenido importantes créditos del Banco Nacional Hipotecario, y este accionó judicialmente para lograr el cobro de sus acreencias. En la tradición oral del pago se contaba que los ingleses se habían vuelto a su patria a pelear en la guerra y que, por ello, habían abandonado sus pertenencias. En realidad, la administración e siguió realizando desde las instalaciones de “La Experimental” a través de un inglés de apellido Mac Dougall, conjuntamente con otro inglés, de apellido Simpson que comenzó arrendando algunos lotes, para luego seguir como coadministrador. La mayor superficie de campo se arrendó a la Empresa Mongay, de capitales chaqueños, que se dedicaba a trabajos de desmonte y siembra. La administración la llevó adelante un contador de apellido Canova, y se desarrolló una importante demanda de mano de obra en la zona, para la limpieza de las parcelas que se dedicarían a la agricultura.

El Banco Nacional Hipotecario puso en venta varias veces a los campos de la ex sociedad inglesa, los que, divididos en treinta y siete parcelas, fueron siendo adquiridos por distintos propietarios a valores muy bajos y a intereses ínfimos. Una importante superficie compuesta por las parcelas 7, 8, 12, 13, 14 y 15 fueron comprados por un Sr. Faure, quien no duro más de dos años como propietario, vendiendo sus seiscientas hectáreas a favor de un griego de apellido Stchalidys, quien tuvo como administradores a los señores José Boiseren y luego Manuel Grimaux Mernes. Posteriormente estos campos fueron adquiridos por el Ing. Oscar Grimaux.

Las instalaciones de la estación “La Experimental” se convirtió en un centro de reproducción forestal y de producción de semillas, entre las que se destacó el Trigo Sola, una variedad de muy buena adaptabilidad para la zona. Estas instalaciones pasaron luego al manejo de Ferrocarriles Argentinos, quienes arrendaron sus trescientas hectáreas al Sr. José Regmann, quien explotó por muchos años el establecimiento, hasta lograr comprarlo.

Para 1935 el Banco Nacional Hipotecario había vendido el total de las superficies que oportunamente había confiscado, pasando los campos a propietarios que poblaron esas parcelas con sus familias. Así fue que poblaron el lugar los Lombi, Rau, Rothar, Schenfeld, Martínez, Buffa, Savoine, Dalibón, Rostán, Curtoni, Alasino, Rodríguez, Marsilli, entre otros.

Los campos que habían sido loteados, pasaron a ser campos fiscales, menos uno que había sido adquirido por la familia Lombi.  Hacia 1960 se había nucleado muchas familias en el pago, la mayoría trabajadores rurales con numerosos gurises que concurrían a la escuela. La primera estocada para el fin del pueblito de Andrade fue el paso de la ruta 131, hoy ruta 12, a más de quince kilómetros, perdiendo el tránsito de la antigua ruta 131 de tierra, por dónde pasaba todo el movimiento vehicular, e incluso el paso de colectivos de larga distancia. Poco a poco las familias se fueron yendo, y más aún cuando se cerró la estación de trenes y posteriormente se cerró también el servicio de trenes. Prácticamente ya no quedan habitantes, salvo dos o tres familias que resisten al ostracismo. Actualmente, aquellas parcelas, que no alcanzaron el sueño de ser habitadas, se utilizan como campos de pastoreo.

Un caso notable sucedió para 2014, cuando la escuela “Mariano Moreno”, cumplió los cien años de existencia. Convocados por la maestra y un pequeño grupo de ex alumnos, se dieron cita, desde todos los puntos posibles, más de seiscientos ex alumnos, que volvieron al pago viejo a vivir con emoción la fiesta de la escuela que los cobijara de niños en aquellos patios llenos de recuerdos felices.  



Plano de Pueblo San Justo



Nuestros dolores patrios

  Los 24 de marzo conmemoramos el “Día de la memoria, la verdad y la justicia”. Bien hecho que se haga, pero debemos preguntarnos, en realid...