Apuntes sobre las Guerras Charrúas

Apuntes sobre las Guerras Charrúas

Pobladores de ambas costas del Río Uruguay, los indios charrúas tuvieron una intensa participación guerrera desde fines del siglo XVII hasta la mitad del siglo XVIII en el territorio que hoy constituye nuestra provincia de Entre Ríos. A principio de la conquista española, los chanaes, habitantes de del occidente entrerriano, no habían resultado demasiados incomodos para los conquistadores, quienes los dominaron fácilmente y fueron utilizado para el sistema de encomiendas. Los más rebeldes, iniciaron una emigración hacia el Chaco santafecino y desde allí hostilizaban a Santa Fe por el norte, pero no a esta banda del Paraná. Así fue que la población en estancias, no resultó demasiado difícil para los españoles, por lo que se desarrolló un notable crecimiento del ganado cimarrón. La abundancia de carne atrajo a las tribus charrúas, quienes, para el primer cuarto del siglo XVII, habían ocupado casi todo el territorio entrerriano, menos las costas del Paraná, dónde dominaban los santafecinos.
Los charrúas fueron un claro vector de freno a la avanzada española en la colonización de estos territorios, como lo confirman los ataques victoriosos de los hombres del cacique Zalpicán a las tropas de Ortiz de Zárate en 1574, obligando incluso a la despoblación de la ciudad de Zaratina.
Así, los charrúas se adueñan del ganado cimarrón y asolan las estancias, asaltan los carruajes y carretas, y controlan sin descanso las ratrilladas o caminos, y hasta trenzan alianza con tribus chaqueñas para asolar Santa Fe. Cuando parecía que se pudiera contener las hostilidades charrúas, se produjeron acciones guerreras de extrema dureza, por parte de los españoles, lo que hizo atenuar su lucha por su territorio y su libertad. En el año 1624, fue el gobernador Céspedes quien realizó una expedición que aplicó rudos procedimientos, los que hicieron que se mantuviera un tiempo de sosiego en los enfrentamientos.
En 1632, Hernandarias y Cabrera ingresaron al territorio entrerriano, consiguiendo concertar una paz con las tribus del cacique Yasú, todo en las cercanías de la Baxada, dónde se consiguió una convivencia no conocida hasta entonces. Sin embargo, los charrúas del interior del territorio, principalmente centro y norte, permanecieron hostiles y rebeldes, contribuyendo con enfrentamiento permanentes contra los ejércitos de las Misiones Jesuíticas, que asolaban el territorio con el propósito de robar ganado vacuno.
Los españoles se debieron mantener en las costas del Paraná, sin poder desarrollar sus actividades en el resto del territorio. Una expedición del gobernador Cabrera y del capitán Ruiz de Ocaña en 1643, finalizó con la muerte de este último, y ante la dura derrota sufrida se vieron obligados a acordar con los charrúas, a los que debieron entregarle armas, caballos y vinos. Aprovechando una invasión del territorio santafecino de indios chaqueños, los charrúas incrementan sus ataques y saqueos a las estancias entrerrianas. La Baxada (Paraná) se ve obligada a suspender sus fiestas patronales y pedir urgente ayuda de armas, municiones y tropas a Buenos Aires, desde dónde envían al capitán Martínez de la Rosa, quien impuso su fuerza y logró contener momentáneamente los ataques indios. Incluso en 1680 los charrúas participaron en ayuda de Vera y Mujica en la expulsión de los portugueses de La Colonia.
Con quienes fueron enemigos tradicionales e irreductibles fue con las Misiones Jesuíticas, enemigos de los guaraníes y contrarios acérrimos de la evangelización. Los odios eran recíprocos y a principios de la expansión que intentaban las tropas religiosas por el norte de sus territorios, debido a que Yapeyú es la residencia del Padre Superior de la Orden, a principios del siglo XVIII, se produjeron hechos bélicos de extrema crueldad, combates muy violentos en una guerra desatada de extrema crueldad entre las partes. En 1701, indios misioneros de La Cruz, mataron alevosamente a ocho indios charrúas que habían concurrido a negociar un acuerdo. Esto provocó un levantamiento charrúa de grandes dimensiones, logrando derrotar un ejército jesuita de alrededor de mil hombres, ingresaron a Yapeyú, profanaron sus templos y obtuvieron gran cantidad de ganado vacuno y caballar. Estas acciones provocaron la reacción de Buenos Aires, quien, enviando un contingente de tropas, apoyando a los jesuitas, atacaron a los charrúas y después de varios días de dura batalla, lograron doblegarlos en la margen izquierda del Yí. Allí acordaron una paz que duró poco, porque los traidores guaraníes jesuitas los masacraron. Repiten este accionar con otros charrúas, en cercanía del actual territorio correntino, en un paraje llamado Muchas Islas, dónde exterminan a los hombres y se llevan cautivas a las mujeres y niños. Estas conductas de los ejércitos jesuitas, provocaron una reacción charrúa en la que unieron sus fuerzas entrerrianas, correntinas y uruguayas, siendo encabezadas por el cacique Caravy. Comienza un periodo de extrema dureza, moderado por la inacción de los santafecinos, que privilegiaban sus acuerdos con los charrúas, antes que intervenir en acciones en su contra. Las Misiones Jesuíticas, consiguieron el permiso de Buenos Aires de conformar un fuerte ejército para invadir territorio entrerriano, a pesar del desacuerdo de los santafecinos. La tropa a cargo del Maestre de Campo Piedrabuena y del cura Rufo como capellán estaba integrada por mil quinientos hombres. En 1715 comenzaron a recorrer desde Yapeyú hasta Gualeguaychú. Con asombro observaron cómo los charrúas entraban y salían de las estancias de los santafecinos sin ningún problema, lo que justificaba sus buenas relaciones. En un encontronazo con un grupo aislado de charrúas, resulta muerto el cacique Caravy y su estado mayor. Los charrúas utilizaron la estrategia de dejarlos ingresar hasta lo más profundo del territorio, aprovechar su cansancio y hostigarlos a más no poder, lo que produjo el retroceso y la derrota de la tropa religiosa.
El cacique Juan Yasú, en paz con los santafesinos, expone en un escrito en idioma guaraní, ante el cabildo santafesino sobre las andanzas del ejercito jesuita y sus crímenes, solicitando protección ya que a través de casi ochenta años han estado en buenas relaciones y hasta les ha brindado servicios en reiteradas ocasiones. El cabildo lo autoriza a refugiarse en un área segura e intenta realizar gestiones con los enviados de Buenos Aires, aunque sin mucho éxito. Ante esto la efervescencia charrúa aumenta considerablemente, ahora no solo con las Misiones, sino que también contra Santa Fe. En 1716, el cabildo santafecino destaca al sargento mayor Caraballo y luego al teniente de gobernador Burúa, para establecer el orden, pero estos fracasan en sus intentos. Los charrúas de la costa del Paraná, por motus propio se tranquilizan y aumentan su población, alrededor de la Baxada dónde se va estructurando un rancherío, el que por su importancia pasa a la categoría de curato. 
Una invasión de indios payaguases, en 1725 y más tarde, en 1732, de indios abipones, provenientes del norte santafesino, asolaron las costas del Paraná desde el arroyo Feliciano hasta la Baxada. Esto hizo que con ayuda de los charrúas se construyera un fuerte para resistir las invasiones.
Las buenas relaciones de los españoles-santafecinos con los charrúas paranaenses se habían estabilizado, no así los que respondían al cacique Campusano, instalados en las nacientes del rio Gualeguay, hoy Federal, dónde mantenían sus enfrentamientos en defensa del ganado cimarrón que les era robado por las Misiones de Yapeyú. Esto hace que desde Yapeyú envíen al mayor Nicolás González, quien al frente de ciento cincuenta hombres, bien pertrechados, logran destituir al cacique Campusano y poner en su reemplazo al cacique Don Cristóbal. Retirado las tropas jesuitas, Campusano recupera el mando y continua hostil. Desde Yapeyú, en 1738, se envía una nueva expedición con la orden de detener a los jefes, exterminar los guerreros y mutilarles un miembro a los menos peligrosos. Sin embargo, se produce otro fracaso y los charrúas continúan más hostiles que antes. El cabildo santafesino intentaba de todas formas alcanzar acuerdo con los rebeldes, instando a los charrúas que le respondían a que ayudaran a la pacificación. A tres leguas de la Baxada, en la población del Maestre de Campo Joseph Márquez Montiel se realiza un encuentro con la población charrúa rebelde, estableciéndose una paz condicionada.
En 1749, debido a las continuas quejas de las Misiones con asentamiento en Yapeyú, el gobernador de Buenos Aires, Adonaegui ordena hacerles una guerra de exterminio en un ataque conjunto desde Montevideo, Soriano, Misiones correntinas y Santa Fe, con la intención de reducir a prisión perpetua a los que se entregaran pacíficamente y pasando a degüello a los hostiles. Desde Santa Fe avanzo el gobernador Vera y Mujica, quien entre 1759 y 1769 los enfrentó en diversos combates, dando muerte a doscientos setenta y tres guerreros y tomando prisioneros a trescientos treinta y nueve, los que son conducidos a la reducción emplazada en Cayastá, dónde a lo largo de los años se extinguieron por el abandono y la miseria.
En 1751, el propio Vera y Mujica exterminó los pocos charrúas que habían quedado sobre las costas entrerrianas del Uruguay, dando muerte a ocho hombres y cinco mujeres, además de tomar cincuenta y tres prisioneros de ambos sexos, repartiéndolos entre su tropa para ser utilizados por diez años como personal de servidumbre. Este fue el triste final de esta raza de valientes guerreros, que nos dejaron su impronta de rebeldía y de coraje en el territorio entrerriano, al que defendieron hasta el sacrificio supremo.

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