Don Miguel Laurencena
Si bien el destino hizo que Miguel naciera en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1851, la entrerrianía le puso su marca desde su niñez vivida en Gualeguay. Sus padres fueron Don Martín Gilberto Laurencena y Doña Juana Garay, pareja de inmigrantes vascos españoles.
Su feliz infancia, se desarrolló en Gualeguay, junto a su gente y su río. Allí concurrió a la escuela hasta terminar sus estudios primarios. En tiempos que, Entre Ríos, su provincia adoptiva, estaba agitada por los devenires políticos, tuvo que trasladarse a Buenos Aires para realizar sus estudios secundarios y universitarios, logrando recibirse de abogado en 1877.
De nuevo en Gualeguay, inició su profesión, hasta que, al cumplir treinta años, 1881, fue distinguido por su pueblo como su intendente. Desde ese pago, tan jordanista, siempre se mantuvo cerca de las ideas federales y de impulsar la autonomía provincial, como medio de sostener la idea. Ya en 1883, es electo diputado provincial, hasta que, en ese mismo año, el Gobernador Eduardo Racedo, lo convoca a cubrir la cartera de Ministro de Gobierno. Su función de gobierno, hizo que, en 1885, gestionara un crédito en Gran Bretaña, con el fin de construir la primera línea ferroviaria de Entre Ríos. Su carrera política lo llevó a ocupar el cargo de diputado nacional, por su provincia, entre 1886 y 1892, con el claro apoyo de los jordanistas entrerrianos.
Desde su banca de diputado nacional, tuvo una destacada actuación para la aprobación de la Ley de Amnistía, de su autoría, que permitió regresar al país a Ricardo Ramón López Jordán, después de un largo exilio en Montevideo. Es muy recordada su participación cuando expresó: “Un hecho sólo me falta citar, para demostrar que padecen un error los que creen que el general López Jordán, fue el matador del general Urquiza, y es el inmenso prestigio en que se vio rodeado aquel, al día siguiente de la muerte de éste último. Quince mil entrerrianos acompañaron al general López Jordán elevándolo primeramente al Gobierno, y levantándose, enseguida, en armas contra la nación. Si esto no prueba que el general López Jordán no fue el matador de Urquiza, probará, por lo menos, que no fue el único culpable, porque es necesario confesar, que el pueblo entero de Entre Ríos, fue cómplice de esa muerte…”.
En 1889, Laurencena se integra a la Unión Cívica Radical, desde el momento que esta se crea, siguiendo a Leandro N. Alem, adhiriendo resueltamente, a la Revolución de 1890 y fue el alma de nacimiento de Unión Cívica Radical Entrerriana. Fue redactor de “El Argentino”, órgano vocero de los revolucionarios del Parque. Además, conformó la primera Convención Nacional Radical y fue el principal promotor de la Convención Provincial, la que desarrolló en Concepción del Uruguay en el mes de agosto de 1891. Su lucha política le hizo entablar una estrecha amistad con Leandro N Alem, a quien recibió en varias oportunidades en su provincia.
Participó de las Revoluciones de 1893 y 1905 que tenían como fin derrocar al gobierno conservador. El plan de las fuerzas era tomar el Parque de Artillería y la flota bombardearía la Casa Rosada y el cuartel de Retiro. Al mismo tiempo, grupos de milicianos debían tomar prisioneros al presidente Juárez Celman, el vicepresidente Pellegrini, al ministro de Guerra general Levalle, y al presidente del senado Julio A. Roca, y cortar las vías de ferrocarril y telegráficas. Tras el intento revolucionario, resultó detenido y encarcelado.
Con el advenimiento de la Ley Sáenz Peña, en 1912, es elegido diputado nacional por la UCR entrerriana, hasta que, en la Convención de 1914, en Gualeguaychú se proclama la fórmula Miguel Laurencena – Luis Etchevehere. En una dura campaña electoral, que debió afrontar contra el fraudulento partido conservador, alcanza la gobernación de su provincia, siendo el primer gobernador radical de la misma, dando inicio a gobiernos radicales que se continuarían eligiendo hasta 1943.
Su gobierno tuvo la ardua tarea de realizar importantes cambios dentro de la administración pública, ya que el gobierno conservador había tejido una estructura mu aceitada que utilizaba a los empleados como arma política, imponiéndoles a través de la extorsión, la obligación de apoyar al partido gobernante. En este sentido el Dr. Laurencena dictó un decreto por que se prohibió a los empleados de la administración pública, participar en acciones políticas y cada uno podía, amparado en la Ley Sáenz Peña, que impuso el voto secreto, votar por quien quisiera, sin recibir ningún apriete que direccionara su voluntad.
Se creó en 1915, la Oficina Provincial del Trabajo, se establecieron una serie de normas sobre los accidentes del trabajo, a la par de otras que favorecían al ámbito de los trabajadores, los que habían sido olvidados desde siempre por las administraciones conservadoras. No fueron pocos los conflictos que le tocó en suerte afrontar, principalmente en el ámbito legislativo, dónde los representantes del conservadurismo, desplegaron las mil artimañas, llegando incluso a querer impugnar algunos diplomas de legisladores radicales y reemplazarlos por representantes propios.
También debió mantener un duro enfrentamiento con el arzobispo de Paraná, Monseñor Abel Bazán y Bustos, quien pretendía seguir manteniendo la injerencia de la Iglesia Católica en competencias propias del Estado Civil de las Personas.
Posiblemente que por su fidelidad a Leandro N. Alem, nunca mantuvo un estrecho vínculo con Hipólito Irigoyen, y cuando éste alcanzó su primera presidencia en 1916, Laurencena no estuvo de su lado, e incluso llegó a separarse de la Unión Cívica Radical, para integrar la Unión Cívica Radical Principista, filas por las que llegó a enfrentar en 1922 al radicalismo de Marcelo T. de Alvear.
En 1924, integró, junto a un grupo importante de radicales, la Unión Cívica Radical Antipersonalista. En ese mismo año, fue designado por Alvear, para integrar la Corte Suprema de Justicia, destacándose por trabajar con ahínco por el legalismo y la defensa del bien común. Ocupaba ese cargo de ministro de la Corte Suprema de Justicia, cuando el 3 de febrero de 1928, lo sorprende la muerte.
Uno de sus hijos, que lo acompañó desde muy joven en su lucha política, Eduardo Laurencena, también alcanzó la gobernación de Entre Ríos
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