martes, 21 de marzo de 2023

Nuestros dolores patrios

 

Los 24 de marzo conmemoramos el “Día de la memoria, la verdad y la justicia”. Bien hecho que se haga, pero debemos preguntarnos, en realidad lo hacemos sinceramente, como se lo hacía en los actos iniciales de esta democracia, o en la actualidad en vez de ser una conmemoración de todos los argentinos, se ha convertido en una diáspora en la que los partidos políticos se muerden por apoderarse de la bandera de la lucha por los derechos humanos. La mezquindad política ha hecho que la memoria se desdibuje, que la verdad se oculte y la justicia pase desapercibida. Claramente hay un sector que acostumbra de apoderarse de las banderas ajenas, incorporando la bandera de los derechos humanos para conquistar jóvenes que no vivieron aquellos triste hechos que promovieron esta lucha, y que desde su natural rebeldía creen ciegamente un relato mentiroso. Los que ya tenemos años en nuestras espaldas, tenemos la casi obligación de hacer escuchar nuestras voces, de que la verdad prevalezca para fortalecer la memoria de la patria defendida por una justicia que ponga las cosas en su lugar. Nuestra patria, tan sufrida, tuvo desde sus inicios envuelta en sangrientas luchas fratricidas. Muchos muchachos hoy creen que la historia contemporánea comienza el 24 de marzo, y un manto pesado de olvido cubre el porqué de estos hechos. La lucha armada por los ideales puestos de moda en América Latina por aquellos años, comenzaron mucho antes. La memoria reclama que se incorporen los inicios de aquellos derramamientos de sangre. Muchos grupos se armaron y se llevaron mucha sangre joven, desde el viejo grupo Tacuara (1957), sostenido por sectores de la iglesia católica, pasando por el grupo Uturunco (1959), que desde la clandestinidad luchaba por la vuelta de Perón, el grupo Ejército guerrillero del pueblo EGP (1963), El Ejército revolucionario del pueblo ERP (1970), el Grupo Montoneros (1970), entre otros tantos que intentaron sostener sus diversas ideologías con la bandera ensangrentada. El desperdiciado retorno de la democracia de 1973 sufrió el embate de las izquierdas contra la derecha instalada en el poder. Esa propia democracia pidió a los gritos que el Ejército nacional de pusiera al frente de la lucha por parte del estado en jaque, y fue el Ejercito el que produjo el golpe de estado que nos sumió en la más oscura página de nuestra historia. Utilizó el terrorismo de estado para dar la pelea, matando y haciendo desaparecer a miles de argentinos, culpables e inocentes que no tuvieron la oportunidad de un juicio justo. Siete años después, la lucha del pueblo unido, consiguió la vuelta de la democracia y con ella la recuperación de la justicia que puso las cosas en su lugar, de un lado y del otro. Fue Raúl Alfonsín quien sostuvo en alto la bandera de la lucha por los derechos humanos, acompañados por otro grupo de patriotas, cuando las cosas estaban calientes y no era fácil enfrentar a la estructura militar. Vinieron otros gobiernos después que hicieron retroceder aquella lucha y pusieron en libertad a los unos y los otros en nombre de una reconciliación argentina que nunca existió. Hubo sectores vergonzantes de nuestra política, que nunca en su vida hicieron un Habeas Corpus para defender un detenido, y que, si hicieron pingües negocios con la dictadura, apareciendo luego como los abanderados de los derechos humanos, de la madres y abuelas de los desaparecidos, disponiendo de una gorda billetera, que los ayudó sin dudas.

Así las cosas, reconozco que esta es mi mirada, de que habrá aspectos a los que no me he referido y en otros en que me habré equivocado, pero que no tengo dudas, refleja una apretada síntesis de nuestros encuentros y desencuentros que nos han mantenido en este mar de lágrimas en que se ha convertido nuestra patria.

lunes, 14 de marzo de 2022

Apuntes sobre Artigas


Sabida es la importancia de la figura de José Gervasio de Artigas para el sostenimiento de las ideas de la construcción de un estado federal y de la participación de este prócer oriental en el tallado del perfil rebelde de Entre Ríos en configuración de la génesis de nuestra república. Eran aquellos tiempos en que todo estaba por construirse y dónde las pasiones recorrían caminos de patriotismo, pero también en la defensa de los intereses económicos de los grandes puertos. Los porteños de Buenos Aires y los porteños de Montevideo jugaban una partida de ajedrez interminable, dónde los peones y los alfiles se cruzaban permanentemente sin conocer un destino cierto. Artigas, que había hecho un recorrido amplio y diverso por aquellos años iniciales, fue el fogonero de las ideas federales tempranas entre los paisanos de su región litoral.

Había nacido el 19 de junio de 1764, siendo sus padres Martín José Artigas Carrasco y Francisca Antonia Pascual, siendo el tercero de una familia de seis hermanos. Dejó su hogar a la temprana edad de 14 años para dedicarse a trabajos de campo en el traslado de reses, lo que le permitió conocer profundamente el territorio oriental al norte, estableciendo transacciones comerciales con Río Grande do Sul, en el estado de Santa Catarina que se contaba en el territorio de las Misiones Orientales, incluso participando en el contrabando de cueros, muy difundido en aquellos tiempos. Sus recorridos le hicieron incursionar y relacionarse con algunas tribus charrúas. De aquellos encuentros con los charrúas, nació Manuel, su primer hijo, conocido como “Caciquillo”, en 1786. Más tarde conoció a Isabel Sánchez, quien ya tenía cinco hijos y que, con Artigas tuvo cuatro hijos más.

En 1797, en el marco de una leva realizado por el gobierno español, ingresó como soldado raso en el Cuerpo de Blandengues, dedicado a la protección de las fronteras contra los portugueses y el control del contrabando. Por aquellos tiempos es que conoce a Joaquín Lencina, conocido como el “Negro Ansina”, al que le compra la libertad, y éste lo acompañará durante toda la vida como una especie de escudero criollo.

El 5 de setiembre de 1810, integrando las tropas virreinales, fue promovido al grado de Capitán de Blandengues por disposición del Comandante General de la Campaña de la Banda Oriental, Joaquín de Soria. Por primera vez ingresa al territorio de Entre Ríos, como comandante de un contingente militar realista con el fin de recuperar los cinco pueblos entrerrianos insurrectos, pero fracasó en su intento, porque fue derrotado por los caudillos locales.

En enero de 1811, llegó a Montevideo el nuevo Virrey Francisco Javier De Elio, y la Primera Junta de Buenos Aires desconoció su autoridad y le declaró la guerra el 13 de febrero de 1811.

El 15 de febrero de 1811, Artigas desertó del cuerpo de Blandengues en Colonia del Sacramento, y ofreció sus servicios al gobierno de la Primera Junta Revolucionaria, la que le otorgó el grado de Teniente Coronel, poniendo a su mando una tropa de 150 hombres y la suma de 200 pesos fuertes, para iniciar el levantamiento de la Banda Oriental contra el poder español.

El 11 de abril de 1811, como comandante de la revolución en la Banda Oriental realiza la Proclama de Mercedes y 18 de mayo derrota a las fuerzas españolas en la batalla de Las Piedras, para seguir con el sitio a Montevideo, donde fue aclamado por su gente como el “Primer Jefe de los Orientales”.

En 1812 logró convocar a un congreso amplio en Maroñas y allí proclamó la Provincia Oriental con gobierno federal, y lo propone como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del Río de la Plata.

No fue poca su sorpresa cuando el 20 de octubre de ese año, el Triunvirato porteño dispuso firmar un armisticio con el Virrey De Elio, por el que se entregaba el territorio oriental a los realistas, sin ninguna consulta previa. Ocurrió entonces aquella histórica marcha del pueblo oriental, siguiendo a su jefe, hacia el noreste, conocido como “La Redota” y al que más tarde los historiadores llamaron el Éxodo del pueblo Oriental. Dieciséis mil almas acompañaron a su caudillo, que llegaron a cruzar a territorio entrerriano por el río Uruguay, más precisamente por el Salto Chicho, para acampar en las costas del arroyo el Ayuí Grande.

El Triunvirato dispuso que a Artigas lo reemplazara Sarratea como jefe de las tropas orientales. Hacia fines de 1812 cae el primer triunvirato y junto con él, Sarratea es reemplazado por Rondeau, quien dispone que Artigas retome el mando de las tropas orientales, y éstas acuerdan unir sus fuerzas con las tropas porteñas y así realizar el sitio a Montevideo.

La Asamblea del Año XIII, presidida por Carlos María de Alvear, temía que la incorporación de los artiguistas produjera una virtual alianza entre el caudillo oriental y San Martín para apurar una declaración de independencia, que el grupo alvearista, en consonancia con los intereses de Gran Bretaña, ahora aliada de España, pretendía retrasar lo más posible.

La clase alta porteña temía que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del Plata y poner en juego la base de su poder económico. Los diplomas de los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea, usando como argumento legal la nulidad de su elección porque se realizó en un campamento militar y además porque Artigas les había impartido instrucciones, a pesar de que la Asamblea se había declarado soberana. El flamante Director Supremo y tío de Alvear, Gervasio Posadas, lo declaró “traidor” y puso un precio de 6.000 pesos por la cabeza de aquel patriota que había dicho: “Con libertad, no ofendo ni temo”.

A continuación, el general José Rondeau hizo reunir un segundo congreso, que eligió nuevos diputados a la Asamblea, en una capilla junto a su propio campamento, cuidando de elegir a diputados contrarios a la influencia de Artigas. Ante este atropello a la voluntad popular, Artigas abandonó el sitio de Montevideo a mediados de enero de 1814. Se dirigió a la costa del río Uruguay, para dar inicio a las primeras escaramuzas y enfrentamientos con las fuerzas directoriales. Posadas ordenó al barón Eduardo Kaunitz de Holmberg que alistara 400 soldados con artillería en Santa Fe y pasara a Entre Ríos a reunir sus fuerzas con las del comandante general de Entre Ríos, Hilarión de la Quintana. Holmberg llevaba instrucciones de apoderarse como fuera de Artigas y fusilarlo de inmediato. El 14 de febrero acampó en el paraje Puntas del Obispo (actual Lucas González). Holmberg imprudentemente se lanzó a un rápido avance hacia el interior de la provincia, con el resultado de que sus fuerzas, predominantemente milicianos santafesinos, desertaron en el camino. Llegó a Gualeguay, donde recibió la noticia de que el caudillo Hereñú había ocupado la Bajada del Paraná. Regresó rápidamente y fue derrotado por Hereñú el 22 de febrero en el combate de El Espinillo en colaboración con el jefe artiguista Andrés Latorre. Fue tomado prisionero, pero, para su sorpresa, Artigas no solo no lo hizo fusilar, sino que lo puso en libertad unos días más tarde. Entre los prisioneros liberados ese día estaba el capitán Estanislao López.

La popularidad de Artigas entre los territorios del litoral, hizo que se lo tratara como un verdadero protector y jefe de lo que se dio a llamar Liga de los Pueblos Libres, integrada por las provincias que se nucleaban tras la figura del “Caraí Guazú” (que en el idioma guaraní significa Padre Grande o Gran Señor). Fueron estas la provincia Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.

En enero de 1815, en Arerunguá, Artigas crea el pabellón federal, basándose en la bandera de Belgrano e incorporándole una banda roja que representa al federalismo, por el que luchó.

El 26 de febrero de 1815 las tropas de Artigas lograr entrar en Montevideo, ocupando el territorio que abandonaran las tropas de Buenos Aires. Nombra gobernador y jefe militar a Fernando Otorgues, a quien le toca el honor de izar la bandera tricolor por primera vez en Montevideo.

Artigas en este mismo año fija su cuartel general en Purificación, ubicado a unos siete kilómetros de lo que hoy se conoce como la Mesetas de Artigas, en el departamento de Paysandú.

Artigas convoca a un congreso en Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) donde participan representantes de los territorios que integran la Liga de los Pueblos Libres. Este congreso fue llamado Congreso de Oriente, iniciando sus reuniones el 29 de junio de 1815. En este congreso se declara la independencia de los territorios que integran la Liga de los Pueblos Libres, con un año de anticipación a la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 en Tucumán. La Liga, bajo el protectorado de Artigas no envió representantes a Tucumán. Una línea historiográfica le resta importancia a este congreso, porque no se han registrado actas formales del mismo, como desconociendo que las actas originales del congreso de Tucumán se perdieron en el traslado a Buenos Aires y que la que se conoce se reescribió de unos apuntes que había guardado el secretario José María Serrano.

El congreso de la Liga de los Pueblos Libres sancionó el 10 de septiembre de 1815 un Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus Hacendados, conformando la primera reforma agraria de América Latina, ya que expropiaba las tierras y las repartía entre los que la trabajaban «con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados».

Los unitarios porteños, los unitarios de Montevideo y los lusos brasileños, temerosos de las acciones que Artigas desarrollaba en los territorios del litoral, comenzaron a entretejer intrigas que buscaban eliminar al caudillo. Cansado de no recibir ayuda de los porteños, a pesar de sus reclamos, terminó declarándoles la guerra.  Las tropas brasileñas invadieron el territorio oriental, logrando tomar Montevideo el 20 de enero del 1817. La guerra se trasladó a la campaña oriental, dónde se produjeron enfrentamientos por un período de más de tres años. Artigas luchaba contra la invasión portuguesa en el norte de Uruguay, y más precisamente el 22 de enero de 1820 en Tacuarembó, dónde es derrotado, los portugueses lograron dominar la situación debido a que robaban la caballada y dejaban desmontada a la guerrilla. Artigas fue, además, traicionado por el general Rivera, que había luchado anteriormente por la causa artiguista y le ofreció en ese momento sus servicios al general portugués. Artigas, ya vencido, allí emprende su regreso al litoral con la idea de reforzar su ejército con las tropas de Estanislao López y Francisco Ramírez que le cuidaban las espaldas. Sus lugartenientes, Ramírez y López unieron sus ejércitos y vencieron a los porteños en la batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820. Los derrotados porteños en el campo de la guerra, no dejaron pasar la oportunidad, y tejieron una de sus más urdidas intrigas, y con la firma de un aparente tratado de paz, llamado Tratado del Pilar, logran que los caudillos federales se enfrenten. La firma de este tratado a espaldas de Artigas, y lo hizo enojar profundamente, incluso sin conocer un artículo secreto del mismo, por el que los porteños se comprometían a entregar armas para que los caudillos litorales enfrentaran a su jefe. Hubo un intercambio epistolar con Ramírez de alta vuelo guerrero, el que finalizó con el enfrentamiento de estos poderosos jefes federales. Artigas y lo que le quedaba de su otrora poderoso ejército de gauchos e indios, ingresó por Corrientes y fue haciendo el recorrido hacia Entre Ríos, dónde lo fue engrosando con hombres que lo siguieron, luego de un paso por Arroyo de la China, dónde se produjeron saqueos y robos de ganado. Posteriormente, y en busca de Ramírez ingresó hacia el centro de Entre Ríos, dónde se produce en choque de las avanzadas de los ejércitos federales en Las Guachas – Departamento Tala, el resultado fue indeciso, aunque las topas de Ramírez se retiraron hacia Paraná.

Las fuerzas de Artigas cayeron en la emboscada que Ramírez y sus tropas le armaron en el Arroyo de Las Tunas, el 24 de junio de 1820. A pesar de Artigas contaba con 1500 hombres, la estrategia de Ramírez, que contaba con un ejército de 700 hombres, fue superior y se produjo una matanza indiscriminada. Ramírez contó para la ocasión con 200 fusiles de los porteños y cuatro cañones, que dieron vuelta la ventaja numérica. Las tropas de Artigas se reagrupan y deciden retirarse al norte, hacia Corrientes, pero son perseguidas por las tropas de Ramírez, produciéndose varios enfrentamientos, todos favorables al caudillo entrerriano.

Ramírez se dirigió al Gualeguay y el 17 de julio en el distrito de Sauce Luna derrotaron a las fuerzas de López Chico que cubría la retirada de Artigas.  Días después, el 22, Ramírez derrotó fuerzas misioneras al mando de Perú Cutí en Yuquerí y el 23 llegó a Mandisoví.  Este punto estaba ocupado por el comandante Pablo Aramembí con 25 hombres y una pieza de artillería.  En la madrugada de ese día, ante el avance de Ramírez, Aramembí reforzado por los comandantes Pedro Guti y Matías Abacú habían evacuado la villa.  Poco después entró en ella Ramírez quien siguió en persecución de los fugitivos alanzándolos en la tarde de ese día 23 de julio en el paso del río Mocoretá donde los derrotó completamente.  Siti en esos momentos defecciona de la causa artiguista enviando a Ramírez que se había detenido en Mocoretá, al cura de Asunción de Cambay ofreciendo el sometimiento de Misiones.  Se llegó a la firma de un acuerdo en ese sentido.  López Chico fue derrotado nuevamente en Las Tunas, costa del Mocoretá.  El 26 de julio Ramírez continuó la marcha.  Considerando la lucha casi finalizada después de la derrota del 23, Ramírez se separó de sus fuerzas en las puntas del Mocoretá, dirigiéndose a la Esquina a donde debía llegar la escuadrilla de Monteverde.  Gregorio Píriz quedó al frente del resto de las fuerzas que debían perseguir a Artigas.

El 28 de julio el comandante Píriz sorprendió a Artigas y su escolta en Las Osamentas y entró seguidamente en el campamento de Avalos dispersándolo enteramente.  El parque y demás efectos habían sido evacuados la noche anterior.  Píriz marchó en su seguimiento alcanzándolo en el paraje denominado María Grande.  Allí dispersó una fuerza de más de 200 hombres de caballería a los que acababa de incorporarse el propio Artigas quien logró alejarse.  Píriz marchó en su persecución apoderándose de un cañón, 40 prisioneros, 20 carretas de bagajes, parque y armería, ganado, caballada y familias.  A la noche se le incorporó una partida correntina comandada por Severino Casco con dos prisioneros familiares de Artigas, Monterroso y Ventura Martínez.  Píriz consideró terminada la lucha y contramarchó a la Esquina donde estaba Ramírez.

Artigas se dirigió al norte hasta Yaguaretá Corá donde reorganizó un cuerpo de 600 hombres.  Contramarchó hasta San Roque donde se reunió con Méndez el 6 de agosto dirigiéndose ambos hacia Curuzú-Cuatiá.  Ramírez llegó a San Roque el 8 de agosto, avanzó hasta Saladas desde donde envió a Corrientes al capitán Manuel Antonio Ledesma.  En Corrientes se había realizado un pronunciamiento contra Artigas.  El Cabildo había entregado el mando militar a J. José Fernández Blanco quien tomó prisioneros a Campbell, Mariano Vera y J. Antonio Esteche.

Ramírez, de Saladas se dirigió hacia San Miguel dispersando el 18 de agosto a más de 400 indios y 30 desertores.  Mientras Artigas y Méndez se dirigieron a Curuzú-Cuatiá, Siti envió en auxilio de aquel pueblo un destacamento que se pasó a Artigas y le ayudó en el ataque a Curuzú-Cuatiá desde donde siguieron hasta las proximidades de Goya encontrándose en sus proximidades el 12 de agosto.

En Goya Artigas fue resistido y desde allí se dirigió a Misiones.  Siti estaba en Asunción de Cambay y ante la aproximación de Artigas salió en busca de la incorporación de las fuerzas de Ramírez.  El 14 de agosto se unió a las fuerzas del comandante Píriz en Ibabiyú, quien había contramarchado en su auxilio y juntos se dirigieron a Cambay.  También se incorporaron el Comandante de Curuzú-Cuatiá y el capitán Casco.  El 15 de agosto se encontraron nuevamente sobre Cambay, sitiada por Artigas y defendida por el comandante Dionisio Alarcón y 200 hombres.  Artigas es nuevamente derrotado y obligado a abandonar el sitio de Cambay.  Se retiró a las puntas de Mocoretá perseguido por las fuerzas entrerrianas.  Siti y Píriz avanzaron hasta el Miriñay.  Artigas costeó la laguna de Iberá eludiendo la persecución de las partidas de Siti.  El 5 de setiembre llegó a Candelaria, cruzó el Paraná y se presentó a la guardia paraguaya de Itapuá. Allí, en Paraguay terminaría sus días el Protector de los Pueblos Libres, viviendo treinta años bajo la protección del gobierno paraguayo, haciendo una vida austera en un ambiente rural, con la compañía del Negro Ansina, su fiel escudero y amigo. Falleció el 23 de setiembre de 1850. Cuenta la leyenda que momentos antes de su muerte le alcanzó a decir a Ansina: “alcánzame el morito que estoy volviendo”. El caballito moro, que nunca le faltó, cumplió con su dueño, Don Gervasio volvió para quedarse en su pueblo con el sueño de la Patria Grande. 


sábado, 14 de noviembre de 2020

Gregorio Pomar y la Revolución de 1931

 La vida democrática de nuestro país no había sufrido interrupciones por un largo período, pero en 1930 se abrió la puerta de la triste década infame. El segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen sufría el primer golpe de estado de la era moderna, aquel 6 de setiembre en que se interrumpió el orden democrático constitucional, para dar paso al gobierno de facto de José Félix Uriburu, quien encabezara el golpe de estado.

El golpe militar de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Irigoyen determinó que la Unión Cívica Radical volviese al estado conspirativo que había mantenido desde sus orígenes hasta la ley Sáenz Peña de 1912. Tanto en Buenos Aires como en las provincias -todas intervenidas-, el Ejército y la Policía mantenían atenta vigilancia sobre los dirigentes de aquel partido. En distintos puntos del país se produces conatos de resistencia, en los que en su mayoría concluyen con los jefes de los mismos encarcelados, corriendo la misma suerte que el propio Yrigoyen, quien fue detenido y confinado en la isla Martín García. En Entre Ríos sucedieron algunos hechos de importancia, que fueron cayendo en el olvido, pero que es bueno traer a la memoria y al conocimiento de las generaciones más jóvenes.

El presidente Yrigoyen mantuvo hasta su caída, como su fiel edecán militar, al Teniente Coronel Gregorio Pomar, quien permaneció atento a los movimientos que se fueron produciendo. En abril de 1931, Uriburu llama a elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires, sin calcular que el radicalismo iba a obtener un resonante triunfo sobre los conservadores. La reacción del presidente de facto fue la de anular las elecciones. Es a partir de este momento que Pomar junto a otros militares constitucionalistas deciden actuar en procura del restablecimiento de las instituciones republicanas.

El 20 de julio de 1931 el Tte. Cnel. Gregorio Pomar, en lo que se llamó la Revolución de 1931, subleva el Regimiento 9 de Infantería con asiento en la Ciudad de Corrientes, depone al interventor federal Dr. Atilio Dell'Oro Maini, así como a las autoridades del Territorio del Chaco. Pomar se presenta ante quien era el jefe del regimiento Cnel. Lino H. Montiel, solicitándole la entrega del Regimiento, a quien, a pesar de haber coincidido en las ideas políticas, se niega a plegarse a la insurrección para permanecer leal al gobierno de facto. Se enfrentan los dos militares, sacando sus armas y Pomar hiere de muerte a Montiel. Es de destacar que Lino Montiel fue el padre Sergio Alberto Montiel, el que contaba con cuatro años, por entonces y al que la vida lo llevó a ser gobernador de Entre Ríos por dos períodos constitucionales. Con el apoyo de parte de la población civil, Gregorio Pomar domina la situación durante dos días. Luego las fuerzas gubernamentales sofocan el intento. Abandona la ciudad de Corrientes junto al regimiento insurrecto y civiles que lo acompañan e ingresa a Paraguay donde se entrega a las autoridades, siendo detenido por pedido del gobierno argentino.

Una versión de los hechos ocurridos en el regimiento correntino, de boca de un testigo presencial, relata que el que efectuó el disparo que mató a Montiel fue un edecán de Pomar, que participaba del encuentro, al ver amenazado a su jefe por el arma del jefe del regimiento. Pero Gregorio Pomar se responsabilizó del incidente por ser un hombre de honor y responsabilidad. Posiblemente nunca se sepa lo que pasó entre esas cuatro paredes.

La Revolución de 1931 se frustró porque algunos declinaron participar a último momento, por inconvenientes en las comunicaciones entre los regimientos que debían sublevarse y porque la rebelión de Pomar no tenía las fuerzas o el poder de fuego suficiente para resistir los ataques del gobierno de Uriburu.

 Como consecuencia del intento revolucionario en Corrientes recrudeció la represión y la persecución política. Ordenan la detención de los socialistas Repetto, Bravo, Dickman, Ghioldi y Alfredo Palacios; y los radicales Pueyrredón, Güemes, Rojas, Guido y Mosca, quienes fueron conducidos a la cárcel de Ushuaia. A Marcelo T. de Alvear lo desterraron a Montevideo. Gregorio Pomar estuvo exiliado de Argentina durante casi una década.

Teniente Coronel Gregorio Pomar


lunes, 12 de octubre de 2020

Andrade - San Justo. El pueblo que no fue.

Desde mediados del siglo XIX, una fuerte instalación de estancias de capitales ingleses, se produjo en nuestro país. El estado ingles impulso la compra de tierras en argentina, a través de importantes líneas de créditos, a bajo interés que favorecían a capitales que se asociaban en empresas, que estaban dedicadas en su gran mayoría a la ganadería bovina y ovina, según aconsejaba la región a instalarse. Las empresas se dedicaban a la compra y arriendos de tierras. Las estrategias de negocios inglesas, que siempre se hacen a largo plazo, además de los negocios con la ganadería, que cerraban con la instalación de frigoríficos cárnicos, también estaban a la espera del desarrollo ferroviario, dónde también tenían a sus empresas participando en la construcción de las vías y en la provisión de trenes. Las compras de tierras se hacían en las zonas que se verían beneficiadas con el paso de las vías férreas, elevando el valor de las mismas en gran forma, por lo que, dentro de esta visión, convenía el desarrollo de pequeños poblados, alrededor de las nuevas estaciones de tren que se construirían. Nuestra provincia de Entre Ríos estuvo en la mira de los capitales ingleses, por ser una provincia ganadera por antonomasia, que, además, estaba en una etapa de desarrollo ferroviario y que tenía importantes extensiones de tierras sin ningún tipo de explotación.

A principios del siglo XX, se había instalado entre el arroyo Obispo y el arroyo Clé, una compañía inglesa llamada “Argentine Eastern Land Company Limited”, empresa que fue registrada en 1910 para operar en Entre Ríos. Logro comprar y arrendar una extensión tres mil hectáreas, cuya estancia se conoció con el nombre de “San Justo”.  Por entonces, el ferrocarril, que se había inaugurado en 1887, comunicaba la ciudad de Paraná con la de Concepción del Uruguay, y sus vías pasaban por los campos de esta compañía inglesa. Los socios de la compañía, lo eran en gran parte socios de la empresa “The Entre Ríos Railway Company Limited”

Siguiendo con la estrategia de negocios de las tierras que se habían valorizado enormemente, la empresa tomó como centro la estación “Olegario Víctor Andrade” del ferrocarril Gral. Urquiza, para realizar un proyecto de loteo de treinta y siete manzanas con sus respectivos terrenos, al que denominaron “Pueblo San Justo”. Mediante la Ley 2376, en su Artículo 11, se aprueba con fecha 14/05/1912, el primer trazado oficial de loteo, que fuera presentado ante la Dirección de Geodesia, hoy Dirección de Catastro Provincial. Posteriormente se realiza una derogación por medio de la Ley 2559, el 09/12/1915, por una reducción de la superficie del proyecto original, y se aprueba mediante Ley 2570, del mismo año, el trazado original. En esta última etapa, el gobierno provincial recibe en carácter de donación al estado provincial, de la superficie trazada.

En el plano de los loteos se había previsto que en la Manzana 17, se ubicara la escuela, que fue la única que ocupó el lugar destinado para ello, y que actualmente funciona, la Escuela N°6 “Mariano Moreno”. También se contaba con la Manzana 18 para la ubicación de la Plaza del pueblo, y con media Manzana 19 para la ubicación de la Comisaría. En la Manzana 37 se había decidido ubicar el Cementerio, sitio al que hasta hace poco lo marcaba una cruz de madera a los que los paisanos llamaban la cruz “Salva tu Alma”. 

De la presencia de los ingleses, quedaron en el pago algunas construcciones, algunas se están perdiendo por el paso del tiempo, pero otras se conservan, como la Casa de Alto en inmediaciones del paraje “Chaco Chico”, que fuera el casco de la estancia; el conocido “Almacén Razetto” en Andrade, edificio que fuera concebido como hotel y que estaba frente a la estación del ferrocarril;  las instalaciones de “La Experimental”, y algunas construcciones en lo que ahora se conoce como la “Estancia de Grimaux”.

En 1914, en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial, lo que limitó sensiblemente el apoyo económico que recibían las compañías inglesas, cortándose los intercambios comerciales y los negocios. Esto hizo que los capitales ingleses en estas compañías, decidieran deshacerse de sus emprendimientos a manos de capitales autóctonos. Este fue el caso de la “Argentine Eastern Land Company Limited”, sus operaciones se pierden en 1915. Habían obtenido importantes créditos del Banco Nacional Hipotecario, y este accionó judicialmente para lograr el cobro de sus acreencias. En la tradición oral del pago se contaba que los ingleses se habían vuelto a su patria a pelear en la guerra y que, por ello, habían abandonado sus pertenencias. En realidad, la administración e siguió realizando desde las instalaciones de “La Experimental” a través de un inglés de apellido Mac Dougall, conjuntamente con otro inglés, de apellido Simpson que comenzó arrendando algunos lotes, para luego seguir como coadministrador. La mayor superficie de campo se arrendó a la Empresa Mongay, de capitales chaqueños, que se dedicaba a trabajos de desmonte y siembra. La administración la llevó adelante un contador de apellido Canova, y se desarrolló una importante demanda de mano de obra en la zona, para la limpieza de las parcelas que se dedicarían a la agricultura.

El Banco Nacional Hipotecario puso en venta varias veces a los campos de la ex sociedad inglesa, los que, divididos en treinta y siete parcelas, fueron siendo adquiridos por distintos propietarios a valores muy bajos y a intereses ínfimos. Una importante superficie compuesta por las parcelas 7, 8, 12, 13, 14 y 15 fueron comprados por un Sr. Faure, quien no duro más de dos años como propietario, vendiendo sus seiscientas hectáreas a favor de un griego de apellido Stchalidys, quien tuvo como administradores a los señores José Boiseren y luego Manuel Grimaux Mernes. Posteriormente estos campos fueron adquiridos por el Ing. Oscar Grimaux.

Las instalaciones de la estación “La Experimental” se convirtió en un centro de reproducción forestal y de producción de semillas, entre las que se destacó el Trigo Sola, una variedad de muy buena adaptabilidad para la zona. Estas instalaciones pasaron luego al manejo de Ferrocarriles Argentinos, quienes arrendaron sus trescientas hectáreas al Sr. José Regmann, quien explotó por muchos años el establecimiento, hasta lograr comprarlo.

Para 1935 el Banco Nacional Hipotecario había vendido el total de las superficies que oportunamente había confiscado, pasando los campos a propietarios que poblaron esas parcelas con sus familias. Así fue que poblaron el lugar los Lombi, Rau, Rothar, Schenfeld, Martínez, Buffa, Savoine, Dalibón, Rostán, Curtoni, Alasino, Rodríguez, Marsilli, entre otros.

Los campos que habían sido loteados, pasaron a ser campos fiscales, menos uno que había sido adquirido por la familia Lombi.  Hacia 1960 se había nucleado muchas familias en el pago, la mayoría trabajadores rurales con numerosos gurises que concurrían a la escuela. La primera estocada para el fin del pueblito de Andrade fue el paso de la ruta 131, hoy ruta 12, a más de quince kilómetros, perdiendo el tránsito de la antigua ruta 131 de tierra, por dónde pasaba todo el movimiento vehicular, e incluso el paso de colectivos de larga distancia. Poco a poco las familias se fueron yendo, y más aún cuando se cerró la estación de trenes y posteriormente se cerró también el servicio de trenes. Prácticamente ya no quedan habitantes, salvo dos o tres familias que resisten al ostracismo. Actualmente, aquellas parcelas, que no alcanzaron el sueño de ser habitadas, se utilizan como campos de pastoreo.

Un caso notable sucedió para 2014, cuando la escuela “Mariano Moreno”, cumplió los cien años de existencia. Convocados por la maestra y un pequeño grupo de ex alumnos, se dieron cita, desde todos los puntos posibles, más de seiscientos ex alumnos, que volvieron al pago viejo a vivir con emoción la fiesta de la escuela que los cobijara de niños en aquellos patios llenos de recuerdos felices.  



Plano de Pueblo San Justo



jueves, 6 de agosto de 2020

Una anécdota de Don Juan Arancio

Fue allá por 1994, cuando por nuestro Entre Ríos circulaba la revista cultural “El Aguará”. Junto a Guido Marengo y Miguel Ezeiza, puntales de la revista, decidimos cruzar el río padre, hacia Santa Fe, para hacerle una visita al artista plástico Don Juan Arancio, en su atelier, que estaba ubicado en la calle Juan de Garay, y en cuyo frente marcaba el sitio un hermoso sauce costero. Don Juan, un hombre de un enorme corazón y de una gran humildad, nos recibió con unos hermosos mates amargos, en su lugar de trabajo. Conversábamos como si nos conociéramos de toda la vida, mientras sus manos manejaban con gran maestría sus pinceles y sus pinturas. Estaba muy entusiasmado realizando una serie de cuadros de caballos isleros entre la acostumbrada bruma mañanera de las islas. Su taller estaba cubierto de sus trabajos por todas partes, y cada obra tenía una historia en especial, cada una era un hijo de su arte e imaginación inagotable. Apelando a su memoria, le conté que había conseguido dos originales en tinta de sus dibujos, que incluso conservaban los bocetos en lápiz debajo, sus trabajos son de indios y conquistadores, y recordaba claramente su temática a pesar que los había hecho por 1970. Nos contó de sus encuentros con Fermín Chávez en tiempos que publicaban la historieta de “El Chumbiau” sobre las andanzas de Gerónimo Romero, un capitán jordanista. Nos contó de sus trabajos para Editorial Frontera, para la Editorial de García Ferré, para Editorial Columba, para Fleetway Editions, Editorial Scorpio y otros tantos editores europeos, para Walt Disney. Su humildad hacía que se sintiera como avergonzado de tanto recorrido artístico. El respeto en la realización de sus obras quedó claramente reflejado cuando sentenciosamente nos dijo que una pintura transciende en su vida a la de su autor, y que, ante este hecho, el legado que quedaba en ella debía tener la fuerza de hacer docencia ante quienes la pudieran conocer. Que un pintor no podía y no debía mentir en lo más mínimo en lo que pintara, principalmente cuando se plasmaban situaciones históricas. Algo puntual le había sucedido cuando le habían encargado una pintura para la legislatura santafecina sobre la fundación de Santa Fe La Vieja (Cayastá). El imaginó a Juan de Garay, llegado del Paraguay, realizando la fundación aquel 15 de noviembre de 1573, como se estilaba en aquellos tiempos, se daba lectura a un acta de fundación y se plantaba un rollizo de madera dura, llamado “El rollo de la Justicia”, sobre el que el fundador por medio de su espada imponía el nombre al sitio. Hasta allí tenía todo dispuesto y en su imaginación de artista ya veía cómo iba a quedar su trabajo. Fue allí que lo asaltó la duda que hizo demorar la terminación de su pintura, y esta fue que empuñadura tendría la espada de Juan de Garay. Las opciones eran si tenía la empuñadura en cruz o si tenía una empuñadura con guarnición con defensa para la mano que la empuñara. Para Don Juan era una responsabilidad demasiado grande el legado de su pintura y fue así que anduvo casi cinco años en la investigación sobre aquella verdad. Los datos que recibía eran confusos, ya que algunos de sus amigos españoles consultados no podían asegurarle nada, más teniendo en cuenta que posiblemente las armas disponibles en Paraguay habían sido traídas en fecha incierta. Hasta que al fin un dibujante amigo español le mando de obsequio un hermoso libro sobre espadas españolas de todos los tiempos, con hermosas fotografías, el que nos mostró orgulloso ese ejempla. Allí pues, estaban expresados los periodos en que se habían utilizado aquellas espadas. Hacía 1570 se habían usado las dos espadas de la duda de Don Juan, y por lo tanto en su pintura optó por el modelo más antiguo para aquellos años. Fue así que el artista, no solo pudo terminar su obra, sino que pudo dormir tranquilo, además de dejarnos una enseñanza imprescindible para todos los que tenemos algún berretín de transmitir hechos de la historia. Don Juan Arancio partió hace muy poco hacia la tierra sin mal, nos ha dejado una obra imprescindible y valiosa de conocimientos, transmitidos con ese respeto de un artista admirable.

Juan Arancio


Dos veces muerto

Y podemos decir que, a partir de 1850, Concordia empieza a hacer historia en Entre Ríos y en el país, con hechos que trascienden la importancia local. En efecto, Antonio P. Castro, primer cronista histórico de Concordia, documenta que ese año se levanta el primer monumento a Urquiza en Concordia, y, por lo tanto, éste es el primer pueblo de la República que glorificó en mármol al futuro vencedor de Rosas. En sus Crónicas Históricas, el mencionado autor relata que el 9 de agosto era el santo de Urquiza y, como era costumbre entonces, todo el pueblo celebraba la fecha con festejos populares que alcanzaban contornos extraordinarios. En 1850 quiso hacerse algo mejor de lo que se venía realizando hasta entonces. Se nombró, con tal fin, una comisión de vecinos para que se ocupara de este asunto, que estuvo integrada por Estanislao Panelo, Anacleto Tirigall, Mauricio Dunsford, José M. Pelliza, Juan P. Barceló y Juan P. Penco. Los nombrados tuvieron la idea de levantar una pirámide “en el centro de la Plaza Mayor de esta villa, cuya duración debía ceñirse puramente a los tres días de festividad que preparaban”. Sin embargo, el entusiasmo popular superó los cálculos y las donaciones fueron extraordinarias. Surgió entonces la iniciativa de que la enunciada pirámide —que originariamente sería construida de cartón, madera y lienzo— “fuese erigida (...) con toda solidez y perfección”. Además, llevaría la siguiente leyenda en uno de sus lados: “A Urquiza - El pueblo de La Concordia –Agradecido - 9 de agosto de 1850”, con lo que se constituía en un verdadero homenaje a don Justo José. Solicitada la autorización pertinente, fue concedida.
La construcción que se levantó entonces ya no fue una pirámide sino una columna. En su cúspide fue emplazado un busto de Urquiza, todo lo cual se terminó en 1851. El mencionado busto, que se trajo de Concepción del Uruguay, era de mármol, y se mantuvo en el lugar de su emplazamiento hasta 1871, o sea un año después de la trágica muerte de Urquiza. Justamente el 11 de abril, primer aniversario de su muerte, “una tormenta terrible se desencadenó sobre Concordia, y un rayo vino a caer sobre el busto de Urquiza, destruyéndolo y dando con la cabeza al suelo —relata Castro— partida en pedazos, mutilando totalmente la obra que los hombres erigieran, yendo a parar, la masa de mármol deteriorado a la cárcel pública, donde durante largos años sirviera para picar la carne de los recluidos, con evidente olvido del respeto debido a los restos marmóreos del gran entrerriano”.
Cabe agregar que cuando fue demolida la columna, lo que ocurrió el 28 de diciembre de 1906, se encontraron dos tubos de plomo. Uno de ellos guardaba los antecedentes de la erección de la pirámide, en 1850. El otro, un rollo de papeles casi totalmente destruidos, pero en los que se advertía la siguiente inscripción: “Viva la Confederación Argentina, Mueran los Enemigos de la Organización Nacional”, y una fecha: “mayo 24 de 1851”, que Castro considera como la fecha de construcción de la columna y que vendría a concordar con la leyenda, puesto que el pronunciamiento de Urquiza se había realizado el 1º de mayo. En esto se basa el cronista local para manifestar que la columna de la plaza de Concordia fue el primer monumento a Urquiza en el país.

Urquiza



Batalla del Sauce y sus daños colaterales

El 20 de mayo de 1870 se libró la Batalla del Sauce entre las tropas entrerrianas comandadas por el gobernador Ricardo Ramón López Jordán y las tropas nacionales que en forma irregular había enviado el presidente Sarmiento para controlar lo que él llamó la rebelión. López Jordán había sido impuesto por la Legislatura Provincial para que dispusiera la defensa del territorio provincial. Avanzado los hechos se produce el primer enfrentamiento importante de los contendientes en cercanías de Lucas González, a la vera del Arroyo El Sauce. Según el historiador que mencione los sucesos la ubicación varía desde el Arroyo Nogoyá hasta las nacientes del Obispo. Cabe destacar que por entonces nuestro pago mantenía su viejo nombre de Puntas del Obispo. Las tropas jordanistas en número cercano a los 14.000 hombres se habían desplazado desde lo que hoy es el Distrito Chiqueros y habían tomado posición desde el Arroyo Sauce al sur, mientras que al norte del mismo se dispuso la formación del ejército nacional al mando del General Emilio Conesa, al que se le habían sumado algunos escuadrones provinciales que respondían a los caudillos urquicistas como el Coronel Taborda de Rosario Tala, Coronel Navarro de Nogoyá, General Galarza quien ordenaba sobre el Coronel  Gamarra de Villaguay, Coronel Gutiérrez de Victoria entre otros. Las acciones que después de horas de combate dejan en el campo de batalla entre 150 y 200 hombres muertos y las tropas se dispersan dejando la sensación de que no había una resolución clara para uno u otro bando. Como es lógico, el parte de guerra escrito por el secretario de Conesa, M. Goyena del mando del ejército nacional se adjudicó el triunfo, el que de ninguna forma pudo ser sostenido con hechos concretos. Entre los hombres destacados que lucharon junto a su jefe López Jordán se destacaron: Eloy Fernández, Robustiano Vera, Juan Luis González, Benicio González, Aplinario Almada, Carmelo Campos, Pedro Seguí, Lino Texera, Eustaquio Leiva, Nicomedes Coronel, Mariano Querencio, Romualdo Hermelo, Mateo Sola, Segundo Gianello, Francisco Fernández, Francisco Arigós, Cruz País, José Morán, entre otros. Algunos historiadores han ubicado entre los hombres que participaron de la batalla de El Sauce a José Hernández, pero carece este dato de veracidad, ya que el autor del “Martín Fierro” en esos días se encontraba en Buenos Aires y recién se integró a las tropas jordanistas el 7 de octubre de ese año. El general Conesa, finalizado el enfrentamiento, ubico su campamento en Puntas del Obispo, desde dónde el día 22 solicitó al general Gainza el ascenso de todos los jefes y oficiales de su fuerza, además de solicitarle en forma urgente más armas y municiones. Mientras tanto López Jordán comenzó su desplazamiento hacia el Paraná, el día 26 de mayo sus tropas acamparon en cercanías de Nogoyá, para seguir su marcha hacia Don Cristóbal.  Como dato de color a esta campaña militar por nuestros pagos, es de destacar que las tropas nacionales en sus desplazamientos causaron una serie de daños y perjuicios entre las propiedades de muchos vecinos, los que iniciaron reclamos judiciales. Hasta el cura Generoso Santilli, al que se lo sindicaba como “blanco” (jordanista), resulto herido de arma blanca en pleno acto religioso. Don Basilio Albornoz, le dio un poder a don Vicente Requena, para reclamar al gobierno nacional, una indemnización por los daños que había sufrido a manos de las tropas de Conesa, un día antes de la Batalla del Sauce, en sus campos ubicados al norte del campo de batalla. Don José Correa inicio un reclamo por los daños producidos por el ejército de Conesa en sus propiedades de Las Tunas, Distrito Crucesitas. Don Pedro Solari también inició acciones judiciales por los daños sufridos en su campo de pastoreo al Norte del Arroyo Sauce. Desde el distrito Sauce también hacen lo propio los propietarios doña Rosa Suárez y don Miguel Godoy. Desde distrito Montoya alzaron sus reclamos los vecinos Geraldo García y Benigno Aliendro. Las depredaciones se siguieron sucediendo en distintos lugares de la zona tales como el arreo de ganado vacuno y lanar, rotura de instalaciones, mal trato con el personal de los establecimientos. Los atentados contra la integridad física de los vecinos estaban al día. El padre Santilli apuntó en sus registros del Libro IV de Defunciones: ”En estos meses no puede garantirse la integridad del número de las defunciones habidas a causa de los avances cometidos por los Gefes pertenecientes al Ejército de la Nación. Santilli”




Batalla del Tabaco – Guerra entre correntinos.


Sucedió el 4 de marzo de 1872, en el departamento de Empedrado y registra la histórica política provincial como la Batalla del Tabaco al choque armado donde hasta parientes de uno y otro lado se cruzaron con lanzas, revólveres y carabinas, dándose muerte en defensa de sus preferencias por la futura Presidencia de la Nación.

Era lo que estaba en juego. No sólo diferencias locales se dirimían sino también del resultado de este combate podía variar la futura composición del Colegio Electoral, que elegiría al presidente que sucedería a Domingo Faustino Sarmiento. 

 Fue esta una de las batallas más violentas que registra la historia política de Corrientes y se libró entre sectores del Partido Liberal y grupos “federales” que habían constituido el “fusionismo” en la provincia. Los “federales” se pasaron a llamar autonomistas en Corrientes recién cinco años más tarde.
El gobierno de Corrientes era ejercido por el liberal Agustín Pedro Justo, padre de quien fuera Presidente de la Nación, con el mismo nombre, en 1932. El gobernador Justo, nacido en Goya, fue prácticamente impuesto en el cargo por su predecesor y compoblano coronel Santiago Baibiene, quien al terminar su gestión de gobierno sumaba la gloria de haber comandado el triunfo en la Batalla de Ñaembé y tenía en sus manos todo el poder político.

Un sector del liberalismo dirigido por el prestigioso Coronel Desiderio Sosa encabezó un levantamiento, sumando a su fracción al grupo de “federales” que más tarde se denominarán “autonomistas” y que, entre todos ellos, representaban al “Fusionismo”, una vertiente que en el orden nacional la elaboraban los ministros de Sarmiento: Adolfo Alsina y Nicolás Avellaneda.
El 5 de enero, desde Cururú Cuatiá, inició la revolución el coronel Valerio Insaurralde y se sumaron Raymundo Fernández Reguera, Marcos Azcona, Manuel Vallejos, Serapio Sánchez y otros tantos oficiales de prestigio. Las circunstancias hicieron que el gobernador Justo renunciara el 9 de enero y fuese reemplazado por un Triunvirato.

 El gobernador Justo pidió a Sarmiento la Intervención Federal, pero éste no accedió, ya que la posibilidad de que el grupo revolucionario se alzara con el gobierno, favorecía los planes de la candidatura presidencial del oficialismo nacional que apostaba a la consagración de Nicolás Avellaneda. De permanecer el “mitrismo” en el Gobierno de Corrientes, conducido por Baibiene, ampliaba las chances de Bartolomé Mitre.

Resuelto ambos bandos a aceptar la batalla campal que habría de decidir los destinos políticos de la provincia de Corrientes y en gran medida los del país, el coronel Desiderio Sosa eligió cuidadosamente el terreno. El choque debía darse en las proximidades del río Paraná y allí alistó el grueso de sus fuerzas, que eran casi en su totalidad de caballería.

 Desde el 2 de marzo el coronel Valerio Insaurralde con su división se encontraba en la vanguardia del ejército revolucionario explorando la situación del enemigo. En tanto, otro revolucionario, el coronel Manuel Vallejos (a) “El Pájaro” ya se tiroteaba con las tropas de Santiago Baibiene que continuaba su avance hacia El Tabaco, donde llegó en el amanecer del 4 de marzo, ubicándose en las tierras altas que emergen del bañado vecino, en forma paralela a la formación revolucionaria. 
Junto a Baibiene pelearon el coronel Ciriaco Torres, y los sargentos mayores José Martínez, Antonio Llopart, Enrique Romero, Crisóstomo Quiroz y Plácido Martínez con el batallón Goya, el inimitable de Ñaembé, quien ocupaba el centro de la línea.

 Hacia la retaguardia, protegida por una isleta frondosa, la caballería a las órdenes de Aniceto Monzón, esperando las directivas del comando, con jefes como Luis B. Azula y Juan D. Torres.
La línea revolucionaria ofrecía el mismo aspecto de un comando inteligente. Formaba un centro la artillería a cargo del sargento mayor Manuel F. Rivarola, soldado santafesino muy hábil y colaboraban en los cañones el sargento mayor Daniel Artaza y el capitán Ventura Romero. En el ala izquierda las infanterías de Juan Guillermo Conti, del coronel Wenceslao Martínez, del sargento mayor José Mariano Ojeda, de Juan G. Berón, de Flores, Silva y de Romero, que contaban de reserva con las legiones de los coroneles Marcos Azcona, Juan Carlos Romero, Luciano Cáceres (hijo de Nicanor Cáceres) y Manuel Serapio Sánchez, con jefes como los Comandantes Hermenegildo Ocampo y Guillermo Conti.

 En la derecha, avanzando sobre la línea de batalla, estaban las caballerías de los coroneles Valerio Insaurralde y Manuel Vallejos, impacientes las primeras por to-mar el desquite de San Jerónimo, donde se había impuesto en las inmediaciones de Curuzú Cuatiá, el coronel Santiago Baibiene pocos días antes.

Los ejércitos se contemplaban. Aproximadamente 7.000 hombres se dividían casi en igual número de un lado y de otro. Unos y otros buscaban sacar partido de la situación topográfica, espera larga que llegó hasta cerca del mediodía. A esa hora el coronel Desiderio Sosa dio su orden y los cañones revolucionarios empezaron a batir la loma del Tabaco.

La situación de Baibiene fue haciéndose insostenible; chocaron la infantería de Baibiene con la caballería de Sosa y el combate fue general en todos los espacios.

La caballería de Baibiene fue sorprendida y se dispersó antes de atacar siendo lanceada por la espalda. Las cargas se suceden, es lucha de fusil contra lanza, el ímpetu de los potros no cede al tableteo de las descargas; vienen como el huracán. El coronel Daniel Artaza, quien será vicegobernador en 1893, tranquilo en medio del horror de los disparos, arenga a los soldados.
 El revolucionario coronel José Toledo, conocido en la historia como “Toledo el Bravo”, como un león, ruje e increpa. Wenceslao Martínez que es capturado por los baibienistas. Una batalla de enorme magnitud, digna de las más sobresalientes de nuestras luchas por la independencia y organización nacional.

Pero un suceso inesperado abrevia el cuadro. El coronel Baibiene, que avanzaba sobre la línea de fuego, se enfrenta coincidentemente con el coronel Valerio Insaurralde y su escolta. Es reconocido de inmediato el caudillo legalista y lanza en ristre. Insaurralde se adelanta al galope diciéndole: “Así te quería encontrar, Gringo”. Baibiene reacciona del estupor de la sorpresa, y todo su orgullo de militar y de varón estalla. Se ve indefenso y se arroja del caballo.

Y duro increpa: “Lancéeme, Coronel”. Insaurralde sofrena el potro, dócil a su mano de hierro y clavando la lanza en tierra grita: “Yo no asesino, me bato; ríndase coronel.” 

Baibiene se entrega y la noticia va corriendo en la línea. El coronel Sosa y sus ayudantes concurren al galope. Se saludan los jefes, y hay en la fisonomía serenidad en uno y en la del otro un enorme dolor. El cielo ha sumado a la lucha de los hombres sus elementos, un viento huracanado con fuerte lluvia. 
Si la revolución del doctor Justo resonó en el país, la victoria del Tabaco tuvo una relevancia enorme: la suerte presidencial de Avellaneda comenzaba un camino más exitoso. 

Es que Mitre con el gobierno de Justo o el triunfo de Baibiene, contaba con electores amigos para llegar a la Presidencia y su candidato a vicepresidente era nada más y nada menos, que un amigo de todos los sectores en pugna, el talentoso doctor Juan Eusebio Torrent. La victoria del Tabaco fue el golpe que concluyó con este nudo gordiano.

El doctor Agustín Pedro Justo, fue el que menos tiempo duró al frente de un gobierno en Corrientes, sólo 15 días (del 25 de diciembre de 1871 al 9 de enero de 1872).

En esta batalla fallecieron muchos ilustres correntinos, entre ellos, Vicente Gómez, padre de quien fuera gobernador de Corrientes, en 1901, Dr. José Rafael Gómez, y posteriormente vicegobernador integrando una fórmula de conciliación del Pacto en 1909, junto al doctor Juan Ramón Vidal.

Batalla del Tabaco -  Corrientes




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