Telmo López – Guerrero del Paraguay
Ha sido tan intrincado el destino de quienes participaron a favor de las luchas por el federalismo en esta región de América, que en muchas oportunidades se vieron envueltos en verdaderos divagues de su propia existencia, y también marcados de por vida con responsabilidades que lejos estaban de haberlas tenido en los acontecimientos. Fue Artigas quien explicito muy bien la idea de que esta parte de América tenía la oportunidad de desarrollarse desde un racimo de estados autónomos formando una Patria Grande. El proyecto era tan grande y tan moderno, que hasta en nuestros días no ha sido posible instrumentarlo. Hubo regiones que casi desaparecieron en defensa de esas ideas, y digo regiones porque cuando las cuestiones de límites territoriales no se encontraban resueltas, las ideas y los ideales eran más importantes que las fronteras como hoy se conocen.
En América ocurrió una trágica guerra de naciones hermanas que significó cinco años de un derramamiento de sangre que prácticamente redujo a su mínima expresión a la nación paraguaya, la que tuvo que enfrentarse a la alianza artera de argentinos, uruguayos y brasileños.
Hubo claras demostraciones de que en Argentina existieron importantes sectores federales, que no querían ser parte de aquella guerra contra un estado respetuoso del federalismo, y que incluso su presidente Francisco Solano López había sido participe en gestiones de paz para impedir la lucha de sectores en pugna de nuestra nación. Así quedó demostrado en los desbandes de las tropas entrerrianas producidos en los campamentos de Basualdo y de Toledo, que Justo José de Urquiza pretendía hacer participar de la guerra contra el Paraguay. Sobre estos hechos ya hemos comentado que el sentimiento del soldado entrerriano, muy resentido por la retirada de la batalla de Pavón de su jefe, sumado a la no intervención en ayuda a los orientales del General Leandro Gómez en la heroica defensa de Paysandú, que fuera el motivo armado para que se produjera el enfrentamiento con los paraguayos; había creado un rechazo absoluto entre estos federales contra el gobierno nacional de Mitre.
Felipe Varela, el gran caudillo norteño, se levantó contra el gobierno de Bartolomé Mitre lanzando un “Manifiesto” que denunciaba la carnicería que se estaba llevando a cabo contra nuestros hermanos paraguayos: «Es por estas incontestables razones que los argentinos, y sobre todo los que no somos hijos de la Capital, hemos estado siempre del lado del Paraguay en una guerra que por debilitarnos, por desarmarnos, por arruinarnos, la ha llevado Mitre a fuerza de intrigas y de infamias contra la voluntad de toda la nación entera, a excepción de la egoísta Buenos Aires”. Ese documento sigue teniendo toda su actualidad en esta época de integración continental.
También José Hernández, desde un editorial de su periódico “El Río de la Plata “del 24 de agosto de 1869, critica la aventura mitrista: «En nombre de la democracia, habéis atentado contra ella, pretendiendo imponer a otro pueblo nuestros principios, aunque ellos hablasen en nombre de los beneficios de una civilización que se anuncia con la muerte y la destrucción. En nombre de la independencia habéis conspirado contra la independencia de un pueblo”.
Un hecho particular, entre tantos, fue el que aconteció con el militar santafecino Telmo López, al que la historia oficial mitrista le puso el sello de traidor. Telmo había luchado toda su vida junto a su padre el Brigadier General Estanislao López y de su tío Juan Pablo “Mascarilla” López en defensa del federalismo, muchas veces con errores históricos a sus espaldas, pero convencidos de su lucha. Ante el devenir de los acontecimientos del enfrentamiento con el Paraguay por parte de los aliados, no dudó un momento y viajó al país hermano a ponerse al mando del General Francisco Solano López. Participó activamente en actos heroicos en la defensa del territorio paraguayo en varios de los combates y batallas que se fueron sucediendo, teniendo bajo su responsabilidad como comandante de un escuadrón de caballería a esos valientes que dejaban su vida por su suelo amado.
Con el paso de la guerra, comenzaron a aparecer las malas, las tropas paraguayas diezmadas y hambrientas, habían comenzado a ceder en cuanto al vigor demostrado en sus inicios, y el General Francisco Solano López comenzó ver a cada paso que era víctima de intrigas. Posiblemente en esos momentos de desesperación, el jefe comenzó a perder su eje y ordenó la detención de más de cuatrocientos de sus oficiales cuestionados, dentro de los que también había obispos, curas, civiles y hasta dos de sus hermanos. Los primeros días de los detenidos fueron terribles, debido a las condiciones de hacinamiento en que se encontraban, padeciendo hambre y sed. Alrededor de cuarenta de esos detenidos fueron condenados a muerte. Uno de ellos fue Telmo López, al que sus sueños federales lo llevaron a una muerte triste y sin aparente gloria. Nunca se supo dónde quedaron sus restos, posiblemente si la suerte final lo acompaño, en una fosa común o sus despojos habrá sido parte de las piras que se hacían de aquellos muertos anónimos caídos en el extremo sacrificio.
A la luz de los hechos, podemos afirmar y desmintiendo a Mitre, que Telmo López no murió como un “traidor”, si no que su muerte reafirm
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