lunes, 14 de marzo de 2022

Apuntes sobre Artigas


Sabida es la importancia de la figura de José Gervasio de Artigas para el sostenimiento de las ideas de la construcción de un estado federal y de la participación de este prócer oriental en el tallado del perfil rebelde de Entre Ríos en configuración de la génesis de nuestra república. Eran aquellos tiempos en que todo estaba por construirse y dónde las pasiones recorrían caminos de patriotismo, pero también en la defensa de los intereses económicos de los grandes puertos. Los porteños de Buenos Aires y los porteños de Montevideo jugaban una partida de ajedrez interminable, dónde los peones y los alfiles se cruzaban permanentemente sin conocer un destino cierto. Artigas, que había hecho un recorrido amplio y diverso por aquellos años iniciales, fue el fogonero de las ideas federales tempranas entre los paisanos de su región litoral.

Había nacido el 19 de junio de 1764, siendo sus padres Martín José Artigas Carrasco y Francisca Antonia Pascual, siendo el tercero de una familia de seis hermanos. Dejó su hogar a la temprana edad de 14 años para dedicarse a trabajos de campo en el traslado de reses, lo que le permitió conocer profundamente el territorio oriental al norte, estableciendo transacciones comerciales con Río Grande do Sul, en el estado de Santa Catarina que se contaba en el territorio de las Misiones Orientales, incluso participando en el contrabando de cueros, muy difundido en aquellos tiempos. Sus recorridos le hicieron incursionar y relacionarse con algunas tribus charrúas. De aquellos encuentros con los charrúas, nació Manuel, su primer hijo, conocido como “Caciquillo”, en 1786. Más tarde conoció a Isabel Sánchez, quien ya tenía cinco hijos y que, con Artigas tuvo cuatro hijos más.

En 1797, en el marco de una leva realizado por el gobierno español, ingresó como soldado raso en el Cuerpo de Blandengues, dedicado a la protección de las fronteras contra los portugueses y el control del contrabando. Por aquellos tiempos es que conoce a Joaquín Lencina, conocido como el “Negro Ansina”, al que le compra la libertad, y éste lo acompañará durante toda la vida como una especie de escudero criollo.

El 5 de setiembre de 1810, integrando las tropas virreinales, fue promovido al grado de Capitán de Blandengues por disposición del Comandante General de la Campaña de la Banda Oriental, Joaquín de Soria. Por primera vez ingresa al territorio de Entre Ríos, como comandante de un contingente militar realista con el fin de recuperar los cinco pueblos entrerrianos insurrectos, pero fracasó en su intento, porque fue derrotado por los caudillos locales.

En enero de 1811, llegó a Montevideo el nuevo Virrey Francisco Javier De Elio, y la Primera Junta de Buenos Aires desconoció su autoridad y le declaró la guerra el 13 de febrero de 1811.

El 15 de febrero de 1811, Artigas desertó del cuerpo de Blandengues en Colonia del Sacramento, y ofreció sus servicios al gobierno de la Primera Junta Revolucionaria, la que le otorgó el grado de Teniente Coronel, poniendo a su mando una tropa de 150 hombres y la suma de 200 pesos fuertes, para iniciar el levantamiento de la Banda Oriental contra el poder español.

El 11 de abril de 1811, como comandante de la revolución en la Banda Oriental realiza la Proclama de Mercedes y 18 de mayo derrota a las fuerzas españolas en la batalla de Las Piedras, para seguir con el sitio a Montevideo, donde fue aclamado por su gente como el “Primer Jefe de los Orientales”.

En 1812 logró convocar a un congreso amplio en Maroñas y allí proclamó la Provincia Oriental con gobierno federal, y lo propone como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del Río de la Plata.

No fue poca su sorpresa cuando el 20 de octubre de ese año, el Triunvirato porteño dispuso firmar un armisticio con el Virrey De Elio, por el que se entregaba el territorio oriental a los realistas, sin ninguna consulta previa. Ocurrió entonces aquella histórica marcha del pueblo oriental, siguiendo a su jefe, hacia el noreste, conocido como “La Redota” y al que más tarde los historiadores llamaron el Éxodo del pueblo Oriental. Dieciséis mil almas acompañaron a su caudillo, que llegaron a cruzar a territorio entrerriano por el río Uruguay, más precisamente por el Salto Chicho, para acampar en las costas del arroyo el Ayuí Grande.

El Triunvirato dispuso que a Artigas lo reemplazara Sarratea como jefe de las tropas orientales. Hacia fines de 1812 cae el primer triunvirato y junto con él, Sarratea es reemplazado por Rondeau, quien dispone que Artigas retome el mando de las tropas orientales, y éstas acuerdan unir sus fuerzas con las tropas porteñas y así realizar el sitio a Montevideo.

La Asamblea del Año XIII, presidida por Carlos María de Alvear, temía que la incorporación de los artiguistas produjera una virtual alianza entre el caudillo oriental y San Martín para apurar una declaración de independencia, que el grupo alvearista, en consonancia con los intereses de Gran Bretaña, ahora aliada de España, pretendía retrasar lo más posible.

La clase alta porteña temía que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del Plata y poner en juego la base de su poder económico. Los diplomas de los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea, usando como argumento legal la nulidad de su elección porque se realizó en un campamento militar y además porque Artigas les había impartido instrucciones, a pesar de que la Asamblea se había declarado soberana. El flamante Director Supremo y tío de Alvear, Gervasio Posadas, lo declaró “traidor” y puso un precio de 6.000 pesos por la cabeza de aquel patriota que había dicho: “Con libertad, no ofendo ni temo”.

A continuación, el general José Rondeau hizo reunir un segundo congreso, que eligió nuevos diputados a la Asamblea, en una capilla junto a su propio campamento, cuidando de elegir a diputados contrarios a la influencia de Artigas. Ante este atropello a la voluntad popular, Artigas abandonó el sitio de Montevideo a mediados de enero de 1814. Se dirigió a la costa del río Uruguay, para dar inicio a las primeras escaramuzas y enfrentamientos con las fuerzas directoriales. Posadas ordenó al barón Eduardo Kaunitz de Holmberg que alistara 400 soldados con artillería en Santa Fe y pasara a Entre Ríos a reunir sus fuerzas con las del comandante general de Entre Ríos, Hilarión de la Quintana. Holmberg llevaba instrucciones de apoderarse como fuera de Artigas y fusilarlo de inmediato. El 14 de febrero acampó en el paraje Puntas del Obispo (actual Lucas González). Holmberg imprudentemente se lanzó a un rápido avance hacia el interior de la provincia, con el resultado de que sus fuerzas, predominantemente milicianos santafesinos, desertaron en el camino. Llegó a Gualeguay, donde recibió la noticia de que el caudillo Hereñú había ocupado la Bajada del Paraná. Regresó rápidamente y fue derrotado por Hereñú el 22 de febrero en el combate de El Espinillo en colaboración con el jefe artiguista Andrés Latorre. Fue tomado prisionero, pero, para su sorpresa, Artigas no solo no lo hizo fusilar, sino que lo puso en libertad unos días más tarde. Entre los prisioneros liberados ese día estaba el capitán Estanislao López.

La popularidad de Artigas entre los territorios del litoral, hizo que se lo tratara como un verdadero protector y jefe de lo que se dio a llamar Liga de los Pueblos Libres, integrada por las provincias que se nucleaban tras la figura del “Caraí Guazú” (que en el idioma guaraní significa Padre Grande o Gran Señor). Fueron estas la provincia Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.

En enero de 1815, en Arerunguá, Artigas crea el pabellón federal, basándose en la bandera de Belgrano e incorporándole una banda roja que representa al federalismo, por el que luchó.

El 26 de febrero de 1815 las tropas de Artigas lograr entrar en Montevideo, ocupando el territorio que abandonaran las tropas de Buenos Aires. Nombra gobernador y jefe militar a Fernando Otorgues, a quien le toca el honor de izar la bandera tricolor por primera vez en Montevideo.

Artigas en este mismo año fija su cuartel general en Purificación, ubicado a unos siete kilómetros de lo que hoy se conoce como la Mesetas de Artigas, en el departamento de Paysandú.

Artigas convoca a un congreso en Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) donde participan representantes de los territorios que integran la Liga de los Pueblos Libres. Este congreso fue llamado Congreso de Oriente, iniciando sus reuniones el 29 de junio de 1815. En este congreso se declara la independencia de los territorios que integran la Liga de los Pueblos Libres, con un año de anticipación a la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 en Tucumán. La Liga, bajo el protectorado de Artigas no envió representantes a Tucumán. Una línea historiográfica le resta importancia a este congreso, porque no se han registrado actas formales del mismo, como desconociendo que las actas originales del congreso de Tucumán se perdieron en el traslado a Buenos Aires y que la que se conoce se reescribió de unos apuntes que había guardado el secretario José María Serrano.

El congreso de la Liga de los Pueblos Libres sancionó el 10 de septiembre de 1815 un Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus Hacendados, conformando la primera reforma agraria de América Latina, ya que expropiaba las tierras y las repartía entre los que la trabajaban «con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados».

Los unitarios porteños, los unitarios de Montevideo y los lusos brasileños, temerosos de las acciones que Artigas desarrollaba en los territorios del litoral, comenzaron a entretejer intrigas que buscaban eliminar al caudillo. Cansado de no recibir ayuda de los porteños, a pesar de sus reclamos, terminó declarándoles la guerra.  Las tropas brasileñas invadieron el territorio oriental, logrando tomar Montevideo el 20 de enero del 1817. La guerra se trasladó a la campaña oriental, dónde se produjeron enfrentamientos por un período de más de tres años. Artigas luchaba contra la invasión portuguesa en el norte de Uruguay, y más precisamente el 22 de enero de 1820 en Tacuarembó, dónde es derrotado, los portugueses lograron dominar la situación debido a que robaban la caballada y dejaban desmontada a la guerrilla. Artigas fue, además, traicionado por el general Rivera, que había luchado anteriormente por la causa artiguista y le ofreció en ese momento sus servicios al general portugués. Artigas, ya vencido, allí emprende su regreso al litoral con la idea de reforzar su ejército con las tropas de Estanislao López y Francisco Ramírez que le cuidaban las espaldas. Sus lugartenientes, Ramírez y López unieron sus ejércitos y vencieron a los porteños en la batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820. Los derrotados porteños en el campo de la guerra, no dejaron pasar la oportunidad, y tejieron una de sus más urdidas intrigas, y con la firma de un aparente tratado de paz, llamado Tratado del Pilar, logran que los caudillos federales se enfrenten. La firma de este tratado a espaldas de Artigas, y lo hizo enojar profundamente, incluso sin conocer un artículo secreto del mismo, por el que los porteños se comprometían a entregar armas para que los caudillos litorales enfrentaran a su jefe. Hubo un intercambio epistolar con Ramírez de alta vuelo guerrero, el que finalizó con el enfrentamiento de estos poderosos jefes federales. Artigas y lo que le quedaba de su otrora poderoso ejército de gauchos e indios, ingresó por Corrientes y fue haciendo el recorrido hacia Entre Ríos, dónde lo fue engrosando con hombres que lo siguieron, luego de un paso por Arroyo de la China, dónde se produjeron saqueos y robos de ganado. Posteriormente, y en busca de Ramírez ingresó hacia el centro de Entre Ríos, dónde se produce en choque de las avanzadas de los ejércitos federales en Las Guachas – Departamento Tala, el resultado fue indeciso, aunque las topas de Ramírez se retiraron hacia Paraná.

Las fuerzas de Artigas cayeron en la emboscada que Ramírez y sus tropas le armaron en el Arroyo de Las Tunas, el 24 de junio de 1820. A pesar de Artigas contaba con 1500 hombres, la estrategia de Ramírez, que contaba con un ejército de 700 hombres, fue superior y se produjo una matanza indiscriminada. Ramírez contó para la ocasión con 200 fusiles de los porteños y cuatro cañones, que dieron vuelta la ventaja numérica. Las tropas de Artigas se reagrupan y deciden retirarse al norte, hacia Corrientes, pero son perseguidas por las tropas de Ramírez, produciéndose varios enfrentamientos, todos favorables al caudillo entrerriano.

Ramírez se dirigió al Gualeguay y el 17 de julio en el distrito de Sauce Luna derrotaron a las fuerzas de López Chico que cubría la retirada de Artigas.  Días después, el 22, Ramírez derrotó fuerzas misioneras al mando de Perú Cutí en Yuquerí y el 23 llegó a Mandisoví.  Este punto estaba ocupado por el comandante Pablo Aramembí con 25 hombres y una pieza de artillería.  En la madrugada de ese día, ante el avance de Ramírez, Aramembí reforzado por los comandantes Pedro Guti y Matías Abacú habían evacuado la villa.  Poco después entró en ella Ramírez quien siguió en persecución de los fugitivos alanzándolos en la tarde de ese día 23 de julio en el paso del río Mocoretá donde los derrotó completamente.  Siti en esos momentos defecciona de la causa artiguista enviando a Ramírez que se había detenido en Mocoretá, al cura de Asunción de Cambay ofreciendo el sometimiento de Misiones.  Se llegó a la firma de un acuerdo en ese sentido.  López Chico fue derrotado nuevamente en Las Tunas, costa del Mocoretá.  El 26 de julio Ramírez continuó la marcha.  Considerando la lucha casi finalizada después de la derrota del 23, Ramírez se separó de sus fuerzas en las puntas del Mocoretá, dirigiéndose a la Esquina a donde debía llegar la escuadrilla de Monteverde.  Gregorio Píriz quedó al frente del resto de las fuerzas que debían perseguir a Artigas.

El 28 de julio el comandante Píriz sorprendió a Artigas y su escolta en Las Osamentas y entró seguidamente en el campamento de Avalos dispersándolo enteramente.  El parque y demás efectos habían sido evacuados la noche anterior.  Píriz marchó en su seguimiento alcanzándolo en el paraje denominado María Grande.  Allí dispersó una fuerza de más de 200 hombres de caballería a los que acababa de incorporarse el propio Artigas quien logró alejarse.  Píriz marchó en su persecución apoderándose de un cañón, 40 prisioneros, 20 carretas de bagajes, parque y armería, ganado, caballada y familias.  A la noche se le incorporó una partida correntina comandada por Severino Casco con dos prisioneros familiares de Artigas, Monterroso y Ventura Martínez.  Píriz consideró terminada la lucha y contramarchó a la Esquina donde estaba Ramírez.

Artigas se dirigió al norte hasta Yaguaretá Corá donde reorganizó un cuerpo de 600 hombres.  Contramarchó hasta San Roque donde se reunió con Méndez el 6 de agosto dirigiéndose ambos hacia Curuzú-Cuatiá.  Ramírez llegó a San Roque el 8 de agosto, avanzó hasta Saladas desde donde envió a Corrientes al capitán Manuel Antonio Ledesma.  En Corrientes se había realizado un pronunciamiento contra Artigas.  El Cabildo había entregado el mando militar a J. José Fernández Blanco quien tomó prisioneros a Campbell, Mariano Vera y J. Antonio Esteche.

Ramírez, de Saladas se dirigió hacia San Miguel dispersando el 18 de agosto a más de 400 indios y 30 desertores.  Mientras Artigas y Méndez se dirigieron a Curuzú-Cuatiá, Siti envió en auxilio de aquel pueblo un destacamento que se pasó a Artigas y le ayudó en el ataque a Curuzú-Cuatiá desde donde siguieron hasta las proximidades de Goya encontrándose en sus proximidades el 12 de agosto.

En Goya Artigas fue resistido y desde allí se dirigió a Misiones.  Siti estaba en Asunción de Cambay y ante la aproximación de Artigas salió en busca de la incorporación de las fuerzas de Ramírez.  El 14 de agosto se unió a las fuerzas del comandante Píriz en Ibabiyú, quien había contramarchado en su auxilio y juntos se dirigieron a Cambay.  También se incorporaron el Comandante de Curuzú-Cuatiá y el capitán Casco.  El 15 de agosto se encontraron nuevamente sobre Cambay, sitiada por Artigas y defendida por el comandante Dionisio Alarcón y 200 hombres.  Artigas es nuevamente derrotado y obligado a abandonar el sitio de Cambay.  Se retiró a las puntas de Mocoretá perseguido por las fuerzas entrerrianas.  Siti y Píriz avanzaron hasta el Miriñay.  Artigas costeó la laguna de Iberá eludiendo la persecución de las partidas de Siti.  El 5 de setiembre llegó a Candelaria, cruzó el Paraná y se presentó a la guardia paraguaya de Itapuá. Allí, en Paraguay terminaría sus días el Protector de los Pueblos Libres, viviendo treinta años bajo la protección del gobierno paraguayo, haciendo una vida austera en un ambiente rural, con la compañía del Negro Ansina, su fiel escudero y amigo. Falleció el 23 de setiembre de 1850. Cuenta la leyenda que momentos antes de su muerte le alcanzó a decir a Ansina: “alcánzame el morito que estoy volviendo”. El caballito moro, que nunca le faltó, cumplió con su dueño, Don Gervasio volvió para quedarse en su pueblo con el sueño de la Patria Grande. 


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