Sabá Z. Hernández en las últimas rebeliones armadas de Entre Ríos

Sabá Z. Hernández en  las últimas rebeliones armadas de Entre Ríos

Sabá Zacarías Hernández había nacido en la ciudad de Diamante el 12 de Marzo de 1856. Un personaje político que participó activamente de la vida institucional de su provincia. En 1878 se recibe de abogado y puesto a trabajar se desempeñó como Agente Fiscal, Juez en lo Civil y Comercial de Paraná (1880), y ya en 1883 formó parte de la Convención Constituyente, autora de la Constitución de ese año. Continúa su labor en el gobierno provincial de Eduardo Racedo, ocupando las carteras de Ministro de Hacienda y luego la de Ministro General de gobierno (1886-1887). También desarrolló el mismo cargo en el gobierno de Clemente Basavilbaso, (1888-1889). Es Senador Nacional en el período 1889-1891. Llega a la Gobernación de la Provincia desde 1891 hasta 1895. En 1898 es electo Diputado Nacional por el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.) Ese mismo año es el jefe de la revolución del 13 de Julio, con la intención de interferir las elecciones que enfrentaban  a dos facciones del P.A.N., en contraposición con la lista oficialista del Gobernador Salvador Maciá, a cuyo régimen acusaban de nepotismo por haber formado encabezando los tres poderes de  su gobierno con familiares directos, además de la representación en el Congreso Nacional. Numerosos hechos de corrupción llevaron incluso a la exoneración, mediante un juicio político, del Vice gobernador Francisco Gigena, porque molestaba internamente al gobernador Maciá. Hernández reunió fuerzas con el gigenismo, organizando la Coalición Popular. Así las cosas estalla la revolución, donde Hernández junto a los coroneles Enríquez y Armoa, dirige sus operaciones desde el Departamento Tala, en las cercanías de Gobernador Sola. En este pequeño poblado toman la policía y la estación del ferrocarril, y en la madrugada de ese día los revolucionarios atacan a la policía, pero son rechazados y además apresados Miguel Laurencena, Quirse Campdesuñe y Juan Cartas. Al mismo tiempo los revolucionarios toman Victoria sin ninguna resistencia por parte de las autoridades. El gobierno provincial, que había estado reparando la posibilidad de alguna insurrección había enviado al comandante Gregorio Tejada hacia Victoria, pero al anoticiarse de lo ocurrido en Sola, cambia las órdenes y envía las tropas hacia allí en tren, las que llegadas al lugar, dispersan a los rebeldes y detienen al comandante Plaza, a cargo de los rebeldes.- Vuelven las tropas a Victoria y juntamente a una comisión pacificadora formada por los abogados Zavalla, Tabossi y Comaleras, constatan que los revolucionarios se han desalojado del pueblo. Por otra parte el comandante Juan Hermelo de Villaguay se había desplazado con una formación de caballería hacia el departamento Tala, dónde en El Obispo, el día 15 toma prisionero a Hernández, a Enríquez y a Armoa.- El gobierno de Salvador Maciá, ya con el triunfo asegurado de los oficialistas Echagüe y Parera Denis, decide el día 16, decretar la amnistía de Hernández y de todos los jefes detenidos.-
Llega 1990, el gobernador de Entre Ríos es Leónidas Echagüe, y es una continuación clara del régimen oligárquico de Maciá, y en poco tiempo vuelve otra vez a las andadas, poniendo a la oposición otra vez reaccionaria a ese tipo de políticas. Tras una protesta producida por la aplicación de una Ley de Patentes verdaderamente confiscatoria, se genera el caldo de cultivo de una nueva revuelta, esta vez con la idea de producir una intervención nacional. Las corrientes políticas adversas al oficialismo como la Coalición Popular y la Unión Cívica Radical, que han aumentado considerablemente el número de sus afiliados, acuerdan que no queda otro camino que el de una revolución armada. El levantamiento tiene como jefe a Sabá Z. Hernández.- El 15 de Marzo, en horas del mediodía, estalla la revuelta en distintos puntos de la provincia. El gobierno estaba alertado de que se iba a producir, ya que a las nueve de la mañana se había enterado por un chasque del comisario Altamirano, de María Grande, que su compadre Don Felipe Plaza, con algunas copas de más, le había dicho la tarde antes: “Ni revolución que le vamos a hacer al gobierno, mañana con Sabá Z.” Los telégrafos se pusieron al rojo alertando a los poblados de las intenciones revolucionarias. Hernández que esta vez estaba en su estancia de “Las Delicias”, parte hacia Crespo, lugar elegido para instalar su Junta de Gobierno. El Paraná campaña una tropa comandada por Santiago Arteaga, toma el destacamento de policía de Villa Urquiza y se apodera de 120 fusiles Remington. Desde allí se dirige a La Picada. Allí ya se había producido un tiroteo dónde el comisario Roa logró rechazar a los rebeldes.- Éstos en su paso por El Espinillo toman la comisaría, oportunidad en que fallece un revolucionario, el comisario y su esposa, éstos últimos al defender la posición. En Villaguay se producen bajas, cuatro policías y dos revolucionarios mueren y los rebeldes son rechazados por el coronel Hermelo, que luego se dirige hacia Rosario Tala, para más tarde desviarse hacia Nogoyá y Victoria.
En Rosario Tala al mando de los comandantes Luis Pérez Colman y Sixto Vela, los revolucionarios, después de  tomar la Jefatura de Policía, levantan varias defensas y logran emplazar en la más importante un cañoncito de broce de avancarga. Venidos de Paysandú, otro grupo se une con rebeldes locales en Colón se tirotean con la Jefatura de Policía y son rechazados, pero logran refugiarse en Paysandú. Desde el Palacio San José se organiza un contingente de jinetes a las órdenes de los hermanos Cipriano y Juan José de Urquiza, y se mantienen allí a la espera de órdenes de sus superiores. La revolución en ese primer día hacía despertar esperanzas entre los rebeldes, ya que les habían sido bastante favorable las acciones iniciadas, pero desde el gobierno provincial ya se había hecho una convocatoria a las fuerzas nacionales y el general Sócrates Anaya es quien queda la frente de la Guardia Nacional. En tanto, en Crespo se encuentran los distintos contingentes de revolucionarios que han llegado de los departamentos vecinos. En este cuartel rebelde van llegando prisioneros, ente ellos el Ministro de Gobierno Comaleras y varios legisladores provinciales, y también desde allí logran incomunicar a Paraná de las demás cabecera departamentales cortando las líneas telegráficas, ferroviarias y telefónicas.
Sabá Z. Hernández en la mañana del 18, forma encabezando una topa de unos 800 paisanos de caballería, de vincha blanca y caballos de tiro, muchos de ellos con las mismas lanzas que se levantaron junto a Ricardo López Jordán, y que reviviendo aquellos tiempos gloriosos siguen al nuevo caudillo y se dirigen a Nogoyá, allí recorriendo los suburbios se hacen de numerosas armas y se dirigen hacia Victoria como el próximo objetivo a ser tomado. Ya llegando hacia la ciudad de las Siete Colinas, las fuerzas suman unos 2000 hombres, que han venido sumando desde los distintos pagos aledaños. Nogoyaceros y Victorienses, otra vez juntos como en aquellos desbandes de Basualdo y de Toledo, se suman a ellos jinetes Diamantinos, esta vez bordean el poblado de Victoria en ruidosa tropa llena de coraje y de relinchos. Ese 19 llueve por la mañana, pero a pesar de ello se da la orden de tomar la ciudad. Victoria cuenta en su defensa con 400 hombres al mando de jefe de policía Gualberto Basaldúa y del por entonces diputado Manuel Leiva. En los combates por la toma de la Jefatura de Policía hubo alrededor de 30 heridos y siete muertos, se produjeron cortes de las vías del ferrocarril y de las líneas telegráficas. Intensos combates de fusilería se producen en el Tiro Federal con muertos y heridos. La tropa rebelde va tomando los distintos puntos de la defensa y es el prisionero Ministro Comaleras quien les pide a los defensores rendirse. Alrededor de las 21 se rinde la defensa, y el gobierno provincial previendo un desastre en pérdidas de vidas, es que solicita la intervención de tropas nacionales con la idea que ante el poder de fuego los rebeldes depusieran su posición. Para reprimir la insurrección el gobierno nacional dispone que el general Lorenzo Vintter reprima a los sediciosos y restablezca el orden público. Se movilizan así las fuerzas del 8 de Infantería de Capital Federal, el 10 de Infantería de Rosario, el 11 de Caballería del Chaco y la escuadrilla Naval del Río Uruguay con las torpederas King, Pinedo, y Centella, sumadas al crucero Patria a cargo del Mayor Naval Monetta. A estas fuerzas se suman las fuerzas federales con asiento en la provincia. Dos cañones Krupp de una sección de artillería se suman a 1200 hombres que al mando del general Anaya son destacados a Crespo. Allí se concentran las fuerzas de Hermelo y de Moreira, que han llegado de Villaguay y Rosario Tala, y se dirigen y concentran en Ramírez. Ya el día 21, al amanecer llegan a Victoria y se inician los primeros combates, dónde el comandante Tejeda es rechazado por los rebeldes. Un grupo de vecinos intenta mediar entre los enfrentados, pero la propuesta es rechazada por Anaya.
Vintter, que el día 21 ya estaba instalado en Paraná, en horas de la noche logra ponerse en comunicación telegráfica con Sabá Z. Hernández, quien acepta las disposiciones del gobierno nacional, siempre y cuando no afecten su dignidad y la de su tropa. El jefe nacional pide suspender toda hostilidad que se evite de dispersar la tropa, lo mismo le solicita a Anaya.
Finalizadas las acciones en Victoria, queda como saldo un total de 18 muertos y alrededor de 42 heridos, sumando ambos bandos. Tropas al mando de los nacionales a cargo del coronel Serna, logra hacer deponer sus armas a los hermanos Urquiza en San José, reponiendo en su cargo al comisario de Caseros. Desde allí, una Guardia Nacional comandada por el Gadea viaja en tren a Rosario Tala, y allí logra que el comandante rebelde Pérez Colman deponga su actitud y licencie a su tropa.
El día 22, Vintter se dirige a Victoria, dónde quedan en libertad el Ministro Comaleras y los demás detenidos que mantenían los revolucionarios. Las tropas rebeldes son desarmadas y se los envía a sus departamentos, mientras que Hernández y sus jefes superiores son enviados al mediodía en tren a Paraná detenidos.
Como Hernández había aceptado la intervención nacional, el gobernador Echagüe dicta un decreto dónde establece la amnistía “por el delito político a todos los que se han alzado con armas contra el gobierno de la provincia”. Es así que todos los rebeldes recuperan la libertad y se da por terminado el levantamiento. La intervención nacional a la Provincia de Entre Ríos continuó hasta el 9 de junio, siendo levantada por el gobierno nacional. Se había sofocado la última revolución de la provincia rebelde.
El último alzamiento en armas se produjo 32 años más tarde, coincidiendo con el año en que fallece Sabá Z. Hernández en Buenos Aires, pero el sentido de aquel, fue en defensa de la democracia, a cargo de los Hermanos Kennedy, en La Paz, pero eso ya es materia de otra historia…

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