sábado, 14 de noviembre de 2020

Gregorio Pomar y la Revolución de 1931

 La vida democrática de nuestro país no había sufrido interrupciones por un largo período, pero en 1930 se abrió la puerta de la triste década infame. El segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen sufría el primer golpe de estado de la era moderna, aquel 6 de setiembre en que se interrumpió el orden democrático constitucional, para dar paso al gobierno de facto de José Félix Uriburu, quien encabezara el golpe de estado.

El golpe militar de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Irigoyen determinó que la Unión Cívica Radical volviese al estado conspirativo que había mantenido desde sus orígenes hasta la ley Sáenz Peña de 1912. Tanto en Buenos Aires como en las provincias -todas intervenidas-, el Ejército y la Policía mantenían atenta vigilancia sobre los dirigentes de aquel partido. En distintos puntos del país se produces conatos de resistencia, en los que en su mayoría concluyen con los jefes de los mismos encarcelados, corriendo la misma suerte que el propio Yrigoyen, quien fue detenido y confinado en la isla Martín García. En Entre Ríos sucedieron algunos hechos de importancia, que fueron cayendo en el olvido, pero que es bueno traer a la memoria y al conocimiento de las generaciones más jóvenes.

El presidente Yrigoyen mantuvo hasta su caída, como su fiel edecán militar, al Teniente Coronel Gregorio Pomar, quien permaneció atento a los movimientos que se fueron produciendo. En abril de 1931, Uriburu llama a elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires, sin calcular que el radicalismo iba a obtener un resonante triunfo sobre los conservadores. La reacción del presidente de facto fue la de anular las elecciones. Es a partir de este momento que Pomar junto a otros militares constitucionalistas deciden actuar en procura del restablecimiento de las instituciones republicanas.

El 20 de julio de 1931 el Tte. Cnel. Gregorio Pomar, en lo que se llamó la Revolución de 1931, subleva el Regimiento 9 de Infantería con asiento en la Ciudad de Corrientes, depone al interventor federal Dr. Atilio Dell'Oro Maini, así como a las autoridades del Territorio del Chaco. Pomar se presenta ante quien era el jefe del regimiento Cnel. Lino H. Montiel, solicitándole la entrega del Regimiento, a quien, a pesar de haber coincidido en las ideas políticas, se niega a plegarse a la insurrección para permanecer leal al gobierno de facto. Se enfrentan los dos militares, sacando sus armas y Pomar hiere de muerte a Montiel. Es de destacar que Lino Montiel fue el padre Sergio Alberto Montiel, el que contaba con cuatro años, por entonces y al que la vida lo llevó a ser gobernador de Entre Ríos por dos períodos constitucionales. Con el apoyo de parte de la población civil, Gregorio Pomar domina la situación durante dos días. Luego las fuerzas gubernamentales sofocan el intento. Abandona la ciudad de Corrientes junto al regimiento insurrecto y civiles que lo acompañan e ingresa a Paraguay donde se entrega a las autoridades, siendo detenido por pedido del gobierno argentino.

Una versión de los hechos ocurridos en el regimiento correntino, de boca de un testigo presencial, relata que el que efectuó el disparo que mató a Montiel fue un edecán de Pomar, que participaba del encuentro, al ver amenazado a su jefe por el arma del jefe del regimiento. Pero Gregorio Pomar se responsabilizó del incidente por ser un hombre de honor y responsabilidad. Posiblemente nunca se sepa lo que pasó entre esas cuatro paredes.

La Revolución de 1931 se frustró porque algunos declinaron participar a último momento, por inconvenientes en las comunicaciones entre los regimientos que debían sublevarse y porque la rebelión de Pomar no tenía las fuerzas o el poder de fuego suficiente para resistir los ataques del gobierno de Uriburu.

 Como consecuencia del intento revolucionario en Corrientes recrudeció la represión y la persecución política. Ordenan la detención de los socialistas Repetto, Bravo, Dickman, Ghioldi y Alfredo Palacios; y los radicales Pueyrredón, Güemes, Rojas, Guido y Mosca, quienes fueron conducidos a la cárcel de Ushuaia. A Marcelo T. de Alvear lo desterraron a Montevideo. Gregorio Pomar estuvo exiliado de Argentina durante casi una década.

Teniente Coronel Gregorio Pomar


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