La vida democrática de nuestro país no había sufrido interrupciones por un largo período, pero en 1930 se abrió la puerta de la triste década infame. El segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen sufría el primer golpe de estado de la era moderna, aquel 6 de setiembre en que se interrumpió el orden democrático constitucional, para dar paso al gobierno de facto de José Félix Uriburu, quien encabezara el golpe de estado.
El golpe militar de 1930 que
derrocó al presidente Hipólito Irigoyen determinó que la Unión Cívica Radical
volviese al estado conspirativo que había mantenido desde sus orígenes hasta la
ley Sáenz Peña de 1912. Tanto en Buenos Aires como en las provincias -todas
intervenidas-, el Ejército y la Policía mantenían atenta vigilancia sobre los
dirigentes de aquel partido. En distintos puntos del país se produces conatos
de resistencia, en los que en su mayoría concluyen con los jefes de los mismos
encarcelados, corriendo la misma suerte que el propio Yrigoyen, quien fue
detenido y confinado en la isla Martín García. En Entre Ríos sucedieron algunos
hechos de importancia, que fueron cayendo en el olvido, pero que es bueno traer
a la memoria y al conocimiento de las generaciones más jóvenes.
El presidente Yrigoyen mantuvo
hasta su caída, como su fiel edecán militar, al Teniente Coronel Gregorio
Pomar, quien permaneció atento a los movimientos que se fueron produciendo. En
abril de 1931, Uriburu llama a elecciones para gobernador de la provincia de
Buenos Aires, sin calcular que el radicalismo iba a obtener un resonante
triunfo sobre los conservadores. La reacción del presidente de facto fue la de
anular las elecciones. Es a partir de este momento que Pomar junto a otros
militares constitucionalistas deciden actuar en procura del restablecimiento de
las instituciones republicanas.
El 20 de julio de 1931 el Tte.
Cnel. Gregorio Pomar, en lo que se llamó la Revolución de 1931, subleva el
Regimiento 9 de Infantería con asiento en la Ciudad de Corrientes, depone al
interventor federal Dr. Atilio Dell'Oro Maini, así como a las autoridades del
Territorio del Chaco. Pomar se presenta ante quien era el jefe del regimiento
Cnel. Lino H. Montiel, solicitándole la entrega del Regimiento, a quien, a
pesar de haber coincidido en las ideas políticas, se niega a plegarse a la
insurrección para permanecer leal al gobierno de facto. Se enfrentan los dos
militares, sacando sus armas y Pomar hiere de muerte a Montiel. Es de destacar
que Lino Montiel fue el padre Sergio Alberto Montiel, el que contaba con cuatro
años, por entonces y al que la vida lo llevó a ser gobernador de Entre Ríos por
dos períodos constitucionales. Con el apoyo de parte de la población civil,
Gregorio Pomar domina la situación durante dos días. Luego las fuerzas
gubernamentales sofocan el intento. Abandona la ciudad de Corrientes junto al
regimiento insurrecto y civiles que lo acompañan e ingresa a Paraguay donde se
entrega a las autoridades, siendo detenido por pedido del gobierno argentino.
Una versión de los hechos ocurridos
en el regimiento correntino, de boca de un testigo presencial, relata que el
que efectuó el disparo que mató a Montiel fue un edecán de Pomar, que
participaba del encuentro, al ver amenazado a su jefe por el arma del jefe del
regimiento. Pero Gregorio Pomar se responsabilizó del incidente por ser un
hombre de honor y responsabilidad. Posiblemente nunca se sepa lo que pasó entre
esas cuatro paredes.
La Revolución de 1931 se frustró porque
algunos declinaron participar a último momento, por inconvenientes en las
comunicaciones entre los regimientos que debían sublevarse y porque la rebelión
de Pomar no tenía las fuerzas o el poder de fuego suficiente para
resistir los ataques del gobierno de Uriburu.
Como consecuencia del
intento revolucionario en Corrientes recrudeció la represión y la persecución
política. Ordenan la detención de los socialistas Repetto, Bravo, Dickman,
Ghioldi y Alfredo Palacios; y los radicales Pueyrredón, Güemes,
Rojas, Guido y Mosca, quienes fueron conducidos a la cárcel de
Ushuaia. A Marcelo T. de Alvear lo desterraron a Montevideo. Gregorio
Pomar estuvo exiliado de Argentina durante casi una década.
