jueves, 6 de agosto de 2020

El Combate de San Lorenzo

El 3 de febrero de 1813 se produce la única batalla contra los españoles, que San Martín comandó en sus luchas independentistas. Por esos tiempos, el puerto de Montevideo al mando de los realistas, sufría el sitio impuesto por las tropas de Artigas y de Rondeau, el que les producía un desabastecimiento de alimentos que hacía fundamental conseguirlos en un territorio por fuera del sitio. Patrullas de embarcaciones pululaban costeando el Rio de la Plata y subiendo por los gajos del Paraná. Su búsqueda principal era ganado vacuno, que por entonces lo había en estado salvaje. La poca monta de los navíos utilizados, hacía que los animales que se conseguían se faenaran y se salara la carne para poder conservarla. Estas navegaciones de cuatreros marinos habían estado siendo observadas por los espías que San Martín había colocado sobre las costas, más que nada en las cercanías del precario puerto instalado en las barrancas de San Lorenzo. Era un sitio ya utilizado por los españoles, ya que facilitaba a los barcos atracar hasta la barranca y poder así cargar con facilidad el fruto del robo de carne. Los pequeños barcos tenían una pequeña tropa de custodia que los acompañaba. San Martín con su regimiento de granaderos, eligió el Convento de San Carlos Borromeo, emplazado en ese sitio para concentrarse en la espera de la llegada de los españoles y montevideanos, que andaban por la zona. Habiendo desembarcado los españoles, avanzaban descuidados hacia el convento, posiblemente en busca de agua o algunas aves que se sabían criar en esos conventos. El un ataque de pinzas, dos formaciones de caballería, aparecieron por cada lado del convento. El ala izquierda comandada por San Martín ataco resuelta a aprovechar la sorpresa y no dejarlos a formar en cuadro a los realistas, por lo que la carga fue oblicua y al frente de la formación enemiga. Esta responde al ataque con disparos de fusiles y de un pequeño cañoncito, el que con mucha eficacia impacta sobre el caballo del jefe patriota, el que queda apretado por su flete. Entre el revuelo de gritos y alaridos, el soldado correntino Cabral se baja de su caballo y ayuda al general a reincorporarse, pero una bayoneta española se le incrusta en la espalda, el soldado puntano Baigorria, con su lanza completa la defensa del jefe, amatando al matador de su compañero. El combate duró quince minutos hasta la última atropellada que persiguió el desbande. El capitán Hipólito Bouchard persiguió al soldado bandera español, y pasándolo a mejor vida, le arrebató la bandera para la gloria de su histórico regimiento. El soldado Cabral es ascendido post mortem a sargento. Los españoles sufrieron cuarenta bajas, mientras que las fuerzas patriotas tuvieron quince. A San Martín le restaba organizar su hazaña mayor, el cruce de los Andes, en su famoso campamento de El Plumerillo en Cuyo, para independizar a Chile y seguir con su obra en Perú.

Carga de Granaderos a Caballo









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