Finalizada la criminal y trágica Guerra de la Triple Alianza (Argentina - Brasil – Uruguay) contra el Paraguay, devendrían las intrigas entre los ganadores del enfrentamiento. Los brasileños y argentinos estaban en mejores condiciones que Uruguay para anexar territorios paraguayos a los propios, pro fueron los brasileños los que se llevaron gran parte. Sorprendieron a sus aliados desde un principio, dejando sus otras en ocupación de los centros más importantes, con el pretexto que estaban garantizando la reorganización de una especie de protectorado en país destrozado por la guerra. El Paraguay había visto diezmada su población de hombres, algunos historiadores hablan de que habían sobrevivido solo el veinticinco por ciento, contando a niños y ancianos.
Cabe aclarar que antes de iniciarse la triste contienda entre países hermanos, se había firmado un Tratado Secreto entre los aliados, el que contenía clausulas vergonzantes, que hasta fijaban los límites de los territorios que se repartirían, como aquel “Art. 16 A fin de evitar discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven, queda establecido que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay que celebre tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos bajo las siguientes bases: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de la República del Paraguay, en la parte del Paraná, por el primer río después del Salto de las Siete Caídas que, según el reciente mapa de Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, por el Río Apa, desde su embocadura hasta su nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este perteneciendo al Brasil y las del Oeste al Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y del Igurey”.
Así fue que finalizado el conflicto que se extendió por cinco años, el Paraguay terminaría perdiendo el cuarenta por ciento de su territorio. A Paraguay, al término de la eliminación física, le llegó el saqueo financiero. En 1870 tuvo que contraer un empréstito con Londres por un millón de libras esterlinas, de los que no vio un centavo, pero pagó cada uno de ellos. Con respecto al ferrocarril nacional y las nacientes industrias, fueron destruidas algunas y otras intervenidas por compañías británicas. La producción agrícola fue puesta bajo control de empresarios brasileños y de sus fuerzas militares, financiadas por éstos y por los inversionistas británicos.
El art. 8.° del Tratado Secreto de la Triple Alianza establecía el respeto a la soberanía territorial paraguaya, lo cual no se cumplió pues el Imperio del Brasil, se adjudicó 63 325 km2, territorios comprendidos entre los ríos Apa y Blanco. La Argentina, a su vez, se apoderó de más de 95 000 km2, territorios que actualmente forman parte de las provincias de Formosa, Misiones y parte de Corrientes. Pimienta Bueno era un político brasileño sagaz y experimentado y uno de los tantos que se encargaron de las acciones diplomáticas comerciales con sus socios del saqueo. Entusiasmo a Mitre con la idea de anexar los territorios de Formosa y el de la Villa Occidental. Este territorio fue sin dudas la zanahoria que hizo caminar al burro hacia adelante. Los brasileños continuaban con sus ejércitos “protectores “para sostener los gobiernos liberales paraguayos. Pero en Brasil se desata una crisis financiera por el cierre del Banco Mauá, quebrado por la guerra. La riqueza brasileña se ve disminuida y se pierde el monopolio de los cafetales que no logran reponer la mano de obra diezmada en los esteros paraguayos. Se agitan los aires republicanos y abolicionistas en Brasil, y en el gabinete de ministros ya no está Río Branco sino Caxias, un buen militar. En Argentina, que tiene ya a Avellaneda de presidente, designa a Bernardo de Irigoyen en Relaciones Exteriores y este en cierta forma apuntala a la conducción paraguaya para lograr el retiro de las tropas brasileñas del territorio paraguayo. Claro que faltaba resolver la posesión de la Villa Occidental, para lo que acuerda se haga a través de un arbitraje de límites para el que acepta realizarlo el presidente de Estados Unidos de América Rutherford B. Hayes, quien entregó su fallo en 1878. En el mismo le reconoció el territorio en discusión al Paraguay. La legislatura resolvió denominar a ese territorio como Villa Hayes, en agradecimiento al norteamericano, nombre que ostenta hasta el día de hoy.
Las cuestiones de límites, para Paraguay, no habían terminado allí, ya que en 1933 se enfrentó con Bolivia en la conocida como Guerra del Chaco o Guerra del Petróleo por el control del Chaco Boreal, por un petróleo inexistente. Dos empresas extranjeras: la Rochall Dusch (Shell), inglés holandés y la Standard Oil (Esso), norteamericana, utilizaron a dos pueblos hermanos, Paraguay y Bolivia, para sortear suerte sobre la posesión de un vasto territorio perteneciente a Paraguay, y donde se calculaba la existencia de petróleo




