Sabida es la importancia de la
figura de José Gervasio de Artigas para el sostenimiento de las ideas de la
construcción de un estado federal y de la participación de este prócer oriental
en el tallado del perfil rebelde de Entre Ríos en configuración de la génesis
de nuestra república. Eran aquellos tiempos en que todo estaba por construirse
y dónde las pasiones recorrían caminos de patriotismo, pero también en la
defensa de los intereses económicos de los grandes puertos. Los porteños de
Buenos Aires y los porteños de Montevideo jugaban una partida de ajedrez
interminable, dónde los peones y los alfiles se cruzaban permanentemente sin
conocer un destino cierto. Artigas, que había hecho un recorrido amplio y
diverso por aquellos años iniciales, fue el fogonero de las ideas federales
tempranas entre los paisanos de su región litoral.
Había nacido el 19 de junio de
1764, siendo sus padres Martín José Artigas Carrasco y Francisca Antonia
Pascual, siendo el tercero de una familia de seis hermanos. Dejó su hogar a la
temprana edad de 14 años para dedicarse a trabajos de campo en el traslado de
reses, lo que le permitió conocer profundamente el territorio oriental al
norte, estableciendo transacciones comerciales con Río Grande do Sul, en el
estado de Santa Catarina que se contaba en el territorio de las Misiones
Orientales, incluso participando en el contrabando de cueros, muy difundido en
aquellos tiempos. Sus recorridos le hicieron incursionar y relacionarse con
algunas tribus charrúas. De aquellos encuentros con los charrúas, nació Manuel,
su primer hijo, conocido como “Caciquillo”, en 1786. Más tarde conoció a Isabel
Sánchez, quien ya tenía cinco hijos y que, con Artigas tuvo cuatro hijos más.
En 1797, en el marco de una leva
realizado por el gobierno español, ingresó como soldado raso en el Cuerpo de
Blandengues, dedicado a la protección de las fronteras contra los portugueses y
el control del contrabando. Por aquellos tiempos es que conoce a Joaquín
Lencina, conocido como el “Negro Ansina”, al que le compra la libertad, y éste
lo acompañará durante toda la vida como una especie de escudero criollo.
El 5 de setiembre de 1810,
integrando las tropas virreinales, fue promovido al grado de Capitán de
Blandengues por disposición del Comandante General de la Campaña de la Banda
Oriental, Joaquín de Soria. Por primera vez ingresa al territorio de Entre
Ríos, como comandante de un contingente militar realista con el fin de
recuperar los cinco pueblos entrerrianos insurrectos, pero fracasó en su
intento, porque fue derrotado por los caudillos locales.
En enero de 1811, llegó a
Montevideo el nuevo Virrey Francisco Javier De Elio, y la Primera Junta de
Buenos Aires desconoció su autoridad y le declaró la guerra el 13 de febrero de
1811.
El 15 de febrero de 1811, Artigas
desertó del cuerpo de Blandengues en Colonia del Sacramento, y ofreció sus
servicios al gobierno de la Primera Junta Revolucionaria, la que le otorgó el
grado de Teniente Coronel, poniendo a su mando una tropa de 150 hombres y la
suma de 200 pesos fuertes, para iniciar el levantamiento de la Banda Oriental
contra el poder español.
El 11 de abril de 1811, como
comandante de la revolución en la Banda Oriental realiza la Proclama de
Mercedes y 18 de mayo derrota a las fuerzas españolas en la batalla de Las
Piedras, para seguir con el sitio a Montevideo, donde fue aclamado por su gente
como el “Primer Jefe de los Orientales”.
En 1812 logró convocar a un
congreso amplio en Maroñas y allí proclamó la Provincia Oriental con gobierno
federal, y lo propone como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del
Río de la Plata.
No fue poca su sorpresa cuando el 20 de octubre de ese año,
el Triunvirato porteño dispuso firmar un armisticio con el Virrey De Elio, por
el que se entregaba el territorio oriental a los realistas, sin ninguna
consulta previa. Ocurrió entonces aquella histórica marcha del pueblo oriental,
siguiendo a su jefe, hacia el noreste, conocido como “La Redota” y al que más
tarde los historiadores llamaron el Éxodo del pueblo Oriental. Dieciséis mil
almas acompañaron a su caudillo, que llegaron a cruzar a territorio entrerriano
por el río Uruguay, más precisamente por el Salto Chicho, para acampar en las
costas del arroyo el Ayuí Grande.
El Triunvirato dispuso que a
Artigas lo reemplazara Sarratea como jefe de las tropas orientales. Hacia fines
de 1812 cae el primer triunvirato y junto con él, Sarratea es reemplazado por
Rondeau, quien dispone que Artigas retome el mando de las tropas orientales, y
éstas acuerdan unir sus fuerzas con las tropas porteñas y así realizar el sitio
a Montevideo.
La Asamblea del Año XIII, presidida
por Carlos María de Alvear, temía que la incorporación de los artiguistas
produjera una virtual alianza entre el caudillo oriental y San Martín para
apurar una declaración de independencia, que el grupo alvearista, en
consonancia con los intereses de Gran Bretaña, ahora aliada de España,
pretendía retrasar lo más posible.
La clase alta porteña temía que
la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al
resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que
propugnaba un serio cambio social. El reparto de tierras y ganado entre los
sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía
trasladarse a la otra margen del Plata y poner en juego la base de su poder
económico. Los diplomas de los diputados orientales fueron rechazados por la
Asamblea, usando como argumento legal la nulidad de su elección porque se
realizó en un campamento militar y además porque Artigas les había impartido
instrucciones, a pesar de que la Asamblea se había declarado soberana. El
flamante Director Supremo y tío de Alvear, Gervasio Posadas, lo declaró
“traidor” y puso un precio de 6.000 pesos por la cabeza de aquel patriota que
había dicho: “Con libertad, no ofendo ni temo”.
A continuación, el general José
Rondeau hizo reunir un segundo congreso, que eligió nuevos diputados a la
Asamblea, en una capilla junto a su propio campamento, cuidando de elegir a
diputados contrarios a la influencia de Artigas. Ante este atropello a la
voluntad popular, Artigas abandonó el sitio de Montevideo a mediados de enero
de 1814. Se dirigió a la costa del río Uruguay, para dar inicio a las primeras
escaramuzas y enfrentamientos con las fuerzas directoriales. Posadas ordenó al
barón Eduardo Kaunitz de Holmberg que alistara 400 soldados con artillería en
Santa Fe y pasara a Entre Ríos a reunir sus fuerzas con las del comandante
general de Entre Ríos, Hilarión de la Quintana. Holmberg llevaba instrucciones
de apoderarse como fuera de Artigas y fusilarlo de inmediato. El 14 de febrero
acampó en el paraje Puntas del Obispo (actual Lucas González). Holmberg
imprudentemente se lanzó a un rápido avance hacia el interior de la provincia,
con el resultado de que sus fuerzas, predominantemente milicianos santafesinos,
desertaron en el camino. Llegó a Gualeguay, donde recibió la noticia de que el
caudillo Hereñú había ocupado la Bajada del Paraná. Regresó rápidamente y fue
derrotado por Hereñú el 22 de febrero en el combate de El Espinillo en
colaboración con el jefe artiguista Andrés Latorre. Fue tomado prisionero,
pero, para su sorpresa, Artigas no solo no lo hizo fusilar, sino que lo puso en
libertad unos días más tarde. Entre los prisioneros liberados ese día estaba el
capitán Estanislao López.
La popularidad de Artigas entre
los territorios del litoral, hizo que se lo tratara como un verdadero protector
y jefe de lo que se dio a llamar Liga de los Pueblos Libres, integrada por las
provincias que se nucleaban tras la figura del “Caraí Guazú” (que en el idioma
guaraní significa Padre Grande o Gran Señor). Fueron estas la provincia
Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.
En enero de 1815, en Arerunguá,
Artigas crea el pabellón federal, basándose en la bandera de Belgrano e
incorporándole una banda roja que representa al federalismo, por el que luchó.
El 26 de febrero de 1815 las
tropas de Artigas lograr entrar en Montevideo, ocupando el territorio que
abandonaran las tropas de Buenos Aires. Nombra gobernador y jefe militar a
Fernando Otorgues, a quien le toca el honor de izar la bandera tricolor por
primera vez en Montevideo.
Artigas en este mismo año fija su
cuartel general en Purificación, ubicado a unos siete kilómetros de lo que hoy
se conoce como la Mesetas de Artigas, en el departamento de Paysandú.
Artigas convoca a un congreso en
Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) donde participan
representantes de los territorios que integran la Liga de los Pueblos Libres.
Este congreso fue llamado Congreso de Oriente, iniciando sus reuniones el 29 de
junio de 1815. En este congreso se declara la independencia de los territorios
que integran la Liga de los Pueblos Libres, con un año de anticipación a la
declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 en Tucumán. La Liga, bajo
el protectorado de Artigas no envió representantes a Tucumán. Una línea
historiográfica le resta importancia a este congreso, porque no se han
registrado actas formales del mismo, como desconociendo que las actas
originales del congreso de Tucumán se perdieron en el traslado a Buenos Aires y
que la que se conoce se reescribió de unos apuntes que había guardado el
secretario José María Serrano.
El congreso de la Liga de los
Pueblos Libres sancionó el 10 de septiembre de 1815 un Reglamento Provisorio de
la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus
Hacendados, conformando la primera reforma agraria de América Latina, ya que
expropiaba las tierras y las repartía entre los que la trabajaban «con la
prevención que los más infelices sean los más privilegiados».
Los unitarios porteños, los
unitarios de Montevideo y los lusos brasileños, temerosos de las acciones que
Artigas desarrollaba en los territorios del litoral, comenzaron a entretejer
intrigas que buscaban eliminar al caudillo. Cansado de no recibir ayuda de los
porteños, a pesar de sus reclamos, terminó declarándoles la guerra. Las tropas brasileñas invadieron el territorio
oriental, logrando tomar Montevideo el 20 de enero del 1817. La guerra se
trasladó a la campaña oriental, dónde se produjeron enfrentamientos por un
período de más de tres años. Artigas luchaba contra la invasión portuguesa en
el norte de Uruguay, y más precisamente el 22 de enero de 1820 en Tacuarembó, dónde
es derrotado, los portugueses lograron dominar la situación debido a que
robaban la caballada y dejaban desmontada a la guerrilla. Artigas fue, además,
traicionado por el general Rivera, que había luchado anteriormente por la causa
artiguista y le ofreció en ese momento sus servicios al general portugués.
Artigas, ya vencido, allí emprende su regreso al litoral con la idea de
reforzar su ejército con las tropas de Estanislao López y Francisco Ramírez que
le cuidaban las espaldas. Sus lugartenientes, Ramírez y López unieron sus
ejércitos y vencieron a los porteños en la batalla de Cepeda, el 1 de febrero
de 1820. Los derrotados porteños en el campo de la guerra, no dejaron pasar la
oportunidad, y tejieron una de sus más urdidas intrigas, y con la firma de un
aparente tratado de paz, llamado Tratado del Pilar, logran que los caudillos
federales se enfrenten. La firma de este tratado a espaldas de Artigas, y lo
hizo enojar profundamente, incluso sin conocer un artículo secreto del mismo,
por el que los porteños se comprometían a entregar armas para que los caudillos
litorales enfrentaran a su jefe. Hubo un intercambio epistolar con Ramírez de
alta vuelo guerrero, el que finalizó con el enfrentamiento de estos poderosos
jefes federales. Artigas y lo que le quedaba de su otrora poderoso ejército de
gauchos e indios, ingresó por Corrientes y fue haciendo el recorrido hacia
Entre Ríos, dónde lo fue engrosando con hombres que lo siguieron, luego de un
paso por Arroyo de la China, dónde se produjeron saqueos y robos de ganado.
Posteriormente, y en busca de Ramírez ingresó hacia el centro de Entre Ríos, dónde
se produce en choque de las avanzadas de los ejércitos federales en Las Guachas
– Departamento Tala, el resultado fue indeciso, aunque las topas de Ramírez se
retiraron hacia Paraná.
Las fuerzas de Artigas cayeron en
la emboscada que Ramírez y sus tropas le armaron en el Arroyo de Las Tunas, el
24 de junio de 1820. A pesar de Artigas contaba con 1500 hombres, la estrategia
de Ramírez, que contaba con un ejército de 700 hombres, fue superior y se
produjo una matanza indiscriminada. Ramírez contó para la ocasión con 200
fusiles de los porteños y cuatro cañones, que dieron vuelta la ventaja
numérica. Las tropas de Artigas se reagrupan y deciden retirarse al norte,
hacia Corrientes, pero son perseguidas por las tropas de Ramírez, produciéndose
varios enfrentamientos, todos favorables al caudillo entrerriano.
Ramírez se dirigió al Gualeguay y
el 17 de julio en el distrito de Sauce Luna derrotaron a las fuerzas de López
Chico que cubría la retirada de Artigas. Días después, el 22, Ramírez
derrotó fuerzas misioneras al mando de Perú Cutí en Yuquerí y el 23 llegó a
Mandisoví. Este punto estaba ocupado por el comandante Pablo Aramembí con
25 hombres y una pieza de artillería. En la madrugada de ese día, ante el
avance de Ramírez, Aramembí reforzado por los comandantes Pedro Guti y Matías
Abacú habían evacuado la villa. Poco después entró en ella Ramírez quien
siguió en persecución de los fugitivos alanzándolos en la tarde de ese día 23
de julio en el paso del río Mocoretá donde los derrotó completamente. Siti
en esos momentos defecciona de la causa artiguista enviando a Ramírez que se
había detenido en Mocoretá, al cura de Asunción de Cambay ofreciendo el
sometimiento de Misiones. Se llegó a la firma de un acuerdo en ese
sentido. López Chico fue derrotado nuevamente en Las Tunas, costa del
Mocoretá. El 26 de julio Ramírez continuó la marcha. Considerando
la lucha casi finalizada después de la derrota del 23, Ramírez se separó de sus
fuerzas en las puntas del Mocoretá, dirigiéndose a la Esquina a donde debía
llegar la escuadrilla de Monteverde. Gregorio Píriz quedó al frente del
resto de las fuerzas que debían perseguir a Artigas.
El 28 de julio el comandante
Píriz sorprendió a Artigas y su escolta en Las Osamentas y entró seguidamente
en el campamento de Avalos dispersándolo enteramente. El parque y demás
efectos habían sido evacuados la noche anterior. Píriz marchó en su
seguimiento alcanzándolo en el paraje denominado María Grande. Allí
dispersó una fuerza de más de 200 hombres de caballería a los que acababa de
incorporarse el propio Artigas quien logró alejarse. Píriz marchó en su
persecución apoderándose de un cañón, 40 prisioneros, 20 carretas de bagajes,
parque y armería, ganado, caballada y familias. A la noche se le
incorporó una partida correntina comandada por Severino Casco con dos
prisioneros familiares de Artigas, Monterroso y Ventura Martínez. Píriz
consideró terminada la lucha y contramarchó a la Esquina donde estaba Ramírez.
Artigas se dirigió al norte hasta
Yaguaretá Corá donde reorganizó un cuerpo de 600 hombres. Contramarchó
hasta San Roque donde se reunió con Méndez el 6 de agosto dirigiéndose ambos
hacia Curuzú-Cuatiá. Ramírez llegó a San Roque el 8 de agosto, avanzó
hasta Saladas desde donde envió a Corrientes al capitán Manuel Antonio
Ledesma. En Corrientes se había realizado un pronunciamiento contra
Artigas. El Cabildo había entregado el mando militar a J. José Fernández
Blanco quien tomó prisioneros a Campbell, Mariano Vera y J. Antonio Esteche.
Ramírez, de Saladas se dirigió
hacia San Miguel dispersando el 18 de agosto a más de 400 indios y 30
desertores. Mientras Artigas y Méndez se dirigieron a Curuzú-Cuatiá, Siti
envió en auxilio de aquel pueblo un destacamento que se pasó a Artigas y le
ayudó en el ataque a Curuzú-Cuatiá desde donde siguieron hasta las proximidades
de Goya encontrándose en sus proximidades el 12 de agosto.
En Goya Artigas fue resistido y
desde allí se dirigió a Misiones. Siti estaba en Asunción de Cambay y
ante la aproximación de Artigas salió en busca de la incorporación de las
fuerzas de Ramírez. El 14 de agosto se unió a las fuerzas del comandante
Píriz en Ibabiyú, quien había contramarchado en su auxilio y juntos se
dirigieron a Cambay. También se incorporaron el Comandante de Curuzú-Cuatiá
y el capitán Casco. El 15 de agosto se encontraron nuevamente sobre
Cambay, sitiada por Artigas y defendida por el comandante Dionisio Alarcón y
200 hombres. Artigas es nuevamente derrotado y obligado a abandonar el
sitio de Cambay. Se retiró a las puntas de Mocoretá perseguido por las
fuerzas entrerrianas. Siti y Píriz avanzaron hasta el Miriñay.
Artigas costeó la laguna de Iberá eludiendo la persecución de las partidas de
Siti. El 5 de setiembre llegó a Candelaria, cruzó el Paraná y se presentó
a la guardia paraguaya de Itapuá. Allí, en Paraguay terminaría sus días el
Protector de los Pueblos Libres, viviendo treinta años bajo la protección del
gobierno paraguayo, haciendo una vida austera en un ambiente rural, con la
compañía del Negro Ansina, su fiel escudero y amigo. Falleció el 23 de setiembre
de 1850. Cuenta la leyenda que momentos antes de su muerte le alcanzó a decir a
Ansina: “alcánzame el morito que estoy volviendo”. El caballito moro, que nunca
le faltó, cumplió con su dueño, Don Gervasio volvió para quedarse en su pueblo
con el sueño de la Patria Grande.
